El arte de gobernar: ser o no ser en el 2015
Para no pocas personas, en realidad muchas –si pensáramos en los pobres un poco más- la culminación de un año –llamado el año viejo- y el inicio de otro –conocido como el año nuevo-, no deja de significar un cúmulo de angustias, de aflicciones y, cuando no, de incertidumbres. Ese cúmulo de circunstancias entrañan cuestiones existenciales que pasan lectura por problemas cotidianos que toda persona o familia debe enfrentar: costos de electricidad, agua, telefonía, alimentos, salud, hipotecas, intereses de préstamos, deudas, gastos escolares, cánones de arrendamientos, impuestos, etc. Sumado a ellos, el tema de la calidad de vida que cada uno de nosotros desea tener en el nuevo año.
Esta calidad de vida, quede claro, guarda una estrecha relación entre el interés de superarnos y ser mejores y la correcta prestación del Estado en los servicios públicos, incluyendo en ellos, sin duda alguna, los escenarios indispensables para la recreación sana individual y familiar. Panamá, valga la pena decirlo, está huérfana de ellos.
Aunque, tenemos que reconocer, ahora con la baja en el precio del crudo de petróleo, y consiguientemente la baja en el precio del combustible, sin duda alguna, que muchas familias panameñas tendrán mayores posibilidades de desplazarse hacia el interior y cuando no a visitar a sus familiares y amistades, o al menos, pasear por nuestra geografía nacional.
Se ha venido anunciando, por otra parte, en diversos medios de comunicación social, y así lo advirtió el nuevo mandatario Varela, que el año 2015 será un año importante para el país.
No lo dudamos: debe ser bueno e importante para que todos, en este pequeño terruño, al decir de Amelia Denis de Icaza, progresemos; para que las riquezas nacionales sean distribuidas con equidad y ecuanimidad; para que el gasto público se invierta allí en donde el problema social reclama a gritos soluciones inmediatas y concretas; un año importante para que se haga justicia, entendiendo que justicia no es persecución –hay quienes confunden la persecución penal con el ánimo perverso del viejo inquisitivismo que veía el delito por todos lados y a los endemoniados en cualquier lugar para proceder a los juicios de las ordalías –negación de toda racionalidad en el juzgamiento y el imperio de la conjetura como la prueba más viable-.
Que sea un año en que se hagan realidades las promesas de campaña electoral y para que los nuevos ordenadores de la cosa política panameña demuestren que no decepcionarán al pueblo panameño y que no tendremos un poco más de lo mismo de siempre.
El año que se inicia, si Dios lo permite, debe ser un año para conciliar, no para dividir; un año para sembrar, no para concitar los ánimos; un año para crear, no para destruir; un año para echar hacia adelante, no para atrás; debe ser un año promisorio, no un año de aflicciones. Un año para trabajar, no para contemplar el problema; un año para amar, no para odiar.
Que quienes tengan que responder ante la justicia penal por atreverse a tomar los dineros del pueblo panameño, si así se les prueba en debido proceso, que devuelvan los dineros y que purguen sus condenas; pero que no haya cacería de brujas, pues ello empezaría a victimizar al perseguido y hacer del nuevo gobierno, ante la conciencia nacional, un gobierno perseguidor y victimario.
Por ello, sin equivocarme, y lo vuelvo a decir, el presidente Varela no debe ni puede desatender la administración del Estado que, al final de cuentas, lo que entraña, es qué se hace en bien de las grandes mayorías nacionales, que lo son, a no dudarlo, las grandes mayorías marginadas de siempre en este nuestro suelo: campesinos, obreros, asalariados, indígenas, barrios de la gente pobre con sus chiquillos descalzos, en fin.
Deseamos lo mejor para el país, pero es el momento de volvernos a interrogar: ¿Cuál es el proyecto de país que se ha planteado en construir el nuevo gobierno? Hacia dónde vamos, hacia dónde se nos lleva?
Estas y muchas otras interrogantes nos hacemos los que somos observadores y generadores de opinión en Panamá. Por mi cuenta, deseamos que el presidente Varela, hombre que ha dado muestras públicas de amar a Dios, no pierda el horizonte, no pierda las perspectivas del sitial en que Dios lo ha puesto con el voto del electorado panameño y que tenga presente que no se gobierna tan solo para el presente inmediato, sino también pensando en las futuras generaciones.
Que Dios bendiga a la Patria. A todos los panameños por igual. En fin, Panamá es de todos nosotros: tierra promisoria, terruño amado, gente buena. Feliz Año 2015, Panamá.