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El arte de ser madre


Guillermo Ávila (guillermo.avila@epasa.com) / PANAMA AMERICA

En 1908 fue exhibido por primera vez el cuadro “Las tres edades de la mujer” –junto al famoso “Beso”–. En él, su autor, el pintor austriaco Gustav Klimt, supo plasmar sobre el lienzo un precioso detalle que quizás pocos hayan expresado mejor hasta hoy: el importante papel de la mujer en el ciclo de la vida.

Cuando se mira un cuadro, la luminosidad de los primeros planos bien puede terminar ocultando la gigantesca existencia en sombras que hay detrás, y los agudos observadores saben que en los primeros planos radica la fuerza y permanencia de una obra.

Eso trasciende en esta brillante oda de paletas donde se aprecia a una tierna madre abrazando, casi al borde del desgarro y amor, a su hija mientras ambas duermen. Así como hay pinturas inmortales que se clavan en el alma, para uno, alguien común y corriente, una madre lo es todo.

Quizás por eso ya en la antigua Grecia se rendían honores a Rhea, la madre de los dioses Júpiter, Neptuno y Plutón. Y que los cristianos exaltaran a María, como Virgen y madre de Dios en la tierra a través de su hijo Jesús.

Dicen que no hay nada más puro que aquel instante en que una mujer se convierte en mamá. Hoy, como todos los años en esta fecha y hasta que las manecillas del reloj marquen la medianoche, es su día. Uno en 365 al año...

Ella, quien te cuidara; ella, que soportara tus llantos; ella, quien prodigara alimento –incluso si la olla no le diera–; ella, que aguantó tus crisis; ella, que te apoyara en tus éxitos; ella, quien te generara la vida y también tu sangre y además es capaz de dar su existencia por ti, aunque lo desconozcas. Aquí y ahora. Lejos y cerca. Allí está, siempre como un faro que alumbra tu destino.

Aquel “Madre e hija” de Klimt bien lo pudiera resumir. En un mundo cada vez más hostil y donde la ley del más fuerte prevalece, en aquellos momentos de soledad o incluso de euforia, bien pudiera servir de regazo, como lo buscado por aquella soñadora niña de la pintura.

Porque no hay nada que pueda reemplazar el valor de una madre. ¡Felicidades!

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Lunes 17 de agosto de 2026