El Bebedero, una elección y ninguna lección
El Bebedero de Tonosí. Nombre sencillo, y directo para un pueblo de Los Santos que durante la última semana acaparó todos los reflectores de la opinión pública. Todo, como consecuencia de un capricho del destino.
En agosto de 2011, el representante del pueblo, Ambrosio Sáez, se accidentó en su auto, falleció, y su lugar quedó vacante. Hasta ayer.
Según el Tribunal Electoral, los mil 128 electores habilitados en El Bebedero fueron a las urnas y eligieron como reemplazante de Sáez a la candidata de CD, Nidia Cureña.
Un triunfo del partido de Gobierno que sirve para poco. Es imposible comparar lo que pasó allí con el futuro. O, la temperatura de los ciudadanos respecto de la gestión de Martinelli.
No se puede utilizar la voluntad de los mil 128 electores para sacar ninguna conclusión.
La gente de El Bebedero votó, no por simpatía o ideología, lo hizo con el bolsillo. Y, en ese sentido, el que está en el poder siempre manda. O siempre tiene.
Ni el CD ni el PRD ni el panameñismo pueden sentirse orgullosos de lo que pasó. No es cierto que a sus líderes les importe ese lugar perdido en Los Santos.
No es cierto que Giacomo Tamburelli eligió sus días libres para visitar corrales, calles y plazoletas del pueblo. Como tampoco que los expresidentes Martín Torrijos y Ernesto Pérez Balladares fueron a “escuchar” las necesidades de su gente.
Todos, sin excepción, quisieron “mostrar” el triunfo en El Bebedero como un truco mágico que les aseguraría la victoria en 2014.
Nada de eso es verdad. Aún falta mucho para las elecciones --en política, un mes es una década y un año un siglo-- y de ninguna forma el escenario de 2014 se parecerá a las calles de tierra y a las necesidades de El Bebedero.
El resultado no sirve para festejar, tampoco para acusar o impugnar. Ni para denunciar “compra de votos o conciencias”, algo que hacen desde hace años todos los partidos, incluso los que hoy lo denuncian –principalmente el panameñismo- rasgándose las vestiduras.
