El becerro de oro y la muerte
La tensión en la casa era muy grande. El hermano mayor vociferaba y enseñaba documentos, en los que quería probar que le correspondía un 60% de la herencia dejada por su padre. Una de las hermanas, la cuarta, aducía que su papá firmó ese testamento cuando ya estaba bajo los efectos posoperatorios del cáncer que lo llevó a la tumba y no estaba consciente de lo que hacía. Que el hermano mayor redactó y le presentó ese documento y que su padre no supo lo que firmaba. Otra hermana insiste en que hay otro testamento en el que se repartía en partes iguales la herencia. El abogado de la familia guardaba silencio, pero él sabía del otro testamento y dudaba de la legitimidad del presentado. En eso se escuchó un disparo. Los esposos de aquellas mujeres, la madre de todos y dos empleados corren a la sala y cuando entran encuentran el cuerpo ya sin vida de la menor de las hermanas. La pistola en el suelo. El hermano mayor arrodillado y llorando a gritos. Todos estaban aterrorizados. Luego se supo que la muchacha llevó la pistola de su marido y amenazó al hermano, este se le tiró encima para quitársela, el arma se disparó y murió ella.
He aquí el resultado trágico de la adoración del dinero como un dios. Con el tiempo y gracias a peritos se descubre la falsedad del documento, y se logra transar repartiendo en partes iguales la herencia. El hermano mayor tuvo que pagar una pena por cárcel por falsificación de documentos, ya que forzó la firma de su padre con su propia mano, engañándolo y diciéndole que era para pago de honorarios de abogados.
Uno de los más grandes dramas de la humanidad consiste en cambiar al Dios auténtico por el becerro de oro. Desde que Moisés sorprende al pueblo de Israel adorando una imagen de un animal hecha de oro recogido de ellos mismos, y entregados a bacanales paganos, hasta el día de hoy, los seres humanos han derramado más sangre por esta idolatría que por otras.
Al tener dinero mal habido y querer conseguir más, con una ambición sin control, actuaban como embrutecidos, cometiendo toda clase de torpezas, con tal de acaparar más bienes materiales. De allí nace esta injusticia social que provoca tanta desigualdad, marginación y exclusión. Políticos inescrupulosos que arrebatan los bienes a los pueblos sometidos a su manipulación. Empresarios maquiavélicos que pagan sueldos injustos, evaden impuestos y adulteran sus productos vendiéndolos a precios desorbitados. Incluso gente que se enriquece a costa de la religión o de servicios profesionales inflando exageradamente el valor de sus servicios, olvidándose que vivimos en países del tercer mundo.
Todos podemos caer en esta tentación. Debemos vivir continuamente en el desapego viendo el dinero como un simple medio para vivir y que hay que ganar honradamente. Saber que hay realidades que tienen infinitamente más valor que las riquezas, como la familia, la Patria, el honor, la justicia y, sobre todo, Dios, con quien somos invencibles.
Monseñor