El calamitoso régimen de Juan Carlos Varela
El 1 de julio de 2014 se posesionó Juan Carlos Varela como presidente de la República: Juró "a Dios y a la Patria cumplir y hacer cumplir fielmente la Constitución y las leyes de la República", tal como lo ordena la Constitución vigente. Ese día comenzó el quinquenio presidencial de Varela (2014-2019). Esta es la realidad que vive Panamá hoy, 33 meses después del infortunado desgobierno de Juan Carlos Varela: falta de agua potable; desmejoramiento de la educación y la salud; acumulación de basura, aguas servidas, calles intransitables; caos en el transporte público, cierre de calles y carreteras; persecución política, justicia selectiva, defensa-protección de amigos delincuentes; impunidad y anarquía absoluta; abuso incontrolado del tesoro público de la nación; aumento exagerado de la deuda pública, corrupción, costosos e improductivos viajes al exterior; obsesión por construcción de megaobras multimillonarias; negligencia e ineficacia del Gabinete; creación de una Fuerza "élite" Tarea Conjunta Águila contra el crimen organizado.
Se pudiera comparar con el tipo de caporal montaraz, a la usanza de Juan Vicente Gómez, presidente de Venezuela (1908-1935). El régimen de Juan Carlos Varela tiene desde luego, puntos de coincidencia con los que han establecido en distintas partes de América los dictadores tradicionales. Hay, evidentemente, diferencias y rasgos comunes entre ellos. Diferencias profundas que sitúan a Varela en niveles distantes de los de sus congéneres en el ejercicio del poder absoluto.
Los rasgos comunes que diferencian a estas autocracias primitivas son bien conocidos: la supresión de las libertades públicas, el desprecio por la vida humana, el presidio o el destierro del adversario constituyen las piezas maestras de esa maquinaria de terror que erige el mantenimiento del orden en la razón suprema del Estado. El acaparamiento de la riqueza nacional en manos del déspota es otro rasgo con que se manifiestan en todas partes esos gobiernos unipersonales. La codicia corre pareja en ello con la corrupción, el nepotismo, el cinismo, la mentira, la hipocresía y la contumacia.
Luis Troconis, en su libro "La cuestión Agraria", revela que Juan Vicente Gómez concentró en sus manos la mayor parte de las tierras de Venezuela hábiles para la agricultura: "Quien tiene la tierra, decía el dictador venezolano, tiene el poder". Las posesiones de Juan Vicente Gómez, según Troconis, 1,631 fundos agropecuarios con 32 mil hectáreas en el estado de Aragua; en el distrito de Junín, del estado de Táchira, 234 haciendas con una extensión de 5,500 hectáreas; en Miranda, 306 fundos; en Carabobo, 1,569; en Guárico, 157 haciendas; y en Bolívar 97 fundos.
¿Cuántas hectáreas de terreno, medios de comunicación, bienes y acciones en diversas empresas pudieran haber adquirido los Hnos. Varela antes de finalizar el periodo presidencial (2014-2019)?
Es bien sabido que todo el sistema politiquero del régimen policíaco-militar gira en torno al culto a la personalidad. Puede ser que ese rasgo se descubra también en situaciones semejantes creadas en distintos países de América, pero no al estilo muy peculiar de Juan Carlos Varela.
Es exageradamente egoísta; domina todo el escenario del poder ejecutivo, legislativo y judicial en todos los eventos y presentación oficiales: ora en el Palacio de las Garzas, ora en conferencias de prensa callejeras, ora frente a la fuerza pública, ora en el extranjero, etcétera. Supone que nada ni nadie lo detiene en sus empeños, en llevar a cabo sus caprichos y ocurrencias.
*Pedagogo, escritor, diplomático.