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El cambio: ¿De gobernantes o de verdad?


¡Es hora de un cambio! ¡Necesitamos un cambio! ¡Cambio Ya! La consigna ha sido recurrente en nuestras campañas políticas y, hasta ahora, ha sido muy útil para los candidatos de oposición. Los malos gobernantes, el oficialismo de turno, debían ser desalojados del poder para que los reemplazaran “los que prometían ser buenos.”

También es una constante de nuestra historia política, en buena hora fracasada, que los gobernantes, o quienes ellos escogen para sucederles, intenten perpetuarse en el poder “con ánimo de dueños”, invocando aquella falacia, “de la que creo llegan a autoconvencerse”, de que ellos son imprescindibles para que no se interrumpan las “obras de su gobierno”.

En la última campaña las cosas no fueron diferentes. El candidato, que logró la victoria electoral, hizo de “la consigna del cambio” su principal slogan. Y esa apelación tuvo efectos favorables, garantizados, principalmente, por el mayoritario rechazo del PRD. Por tanto, no es exagerado afirmar que en nuestras contiendas electorales los mejores aliados de los candidatos de oposición han sido los fracasos de los gobernantes de turno. Y la historia, como solía repetir el caudillo panameñista, se ha repetido “en espiral”. Y en el 2014, quienes eran “oficialistas en el 2010”, en el papel de opositores, reclamarán que “es hora de un cambio”.

Desgraciadamente, esa sustitución en cada elección de los oficialistas de turno por los antiguos oficialistas se ha tornado un círculo vicioso en el que seguiremos atrapados, a menos que nos decidamos a romperlo, con reformas profundas a nuestro sistema electoral, que abran posibilidades a otras alternativas diferentes a las que ya se vislumbran para el 2014.

De una reciente entrevista del ciudadano presidente, puede concluirse que en sus reiterados propósitos de “cambiar este país” no está cambiar (valga la redundancia) las reglas y prácticas del pasado sino seguir jugando con ellas. En el curso de este mes de julio, según se ha dejado saber, se concretará la fusión de (mejor llamarla absorción o engullimiento por) Cambio Democrático y sus aliados menores, y muy menores, de Molirena y Unión Patriótica. Surgirá, así se ha pronosticado, “el más grande partido del país”.

También dijo el mandatario, en la misma entrevista, que no está previsto que el Partido Panameñista se fusione a Cambio Democrático. La razón: pura aritmética. “Es mejor que existan tres fuerzas políticas, pues la unión de dos de ellas, CD y panameñistas se entiende, les aseguraría el triunfo, o sea, que se queden los buenos y que no regresen los malos.

¿Son los actuales lo bueno que prometieron ser? ¿Han realizado el prometido cambio? Su fracaso, al cabo de todo un año, en resolver problemas como la inseguridad y las crisis de la Salud y de la Educación, evidencian que no. Y a la par, aumento de impuestos, de la Deuda Pública, la misma incompetente Asamblea y las mismas prácticas antes criticadas. El pueblo ya lo percibe y lo reflejan encuestas recientes; pero el curso se mantiene.

Si nada dramático ocurre, en el 2014 volveremos a la disyuntiva perversa: O los pregonados buenos de ahora o los que, reencauchados prometen serlo. Así de simple; así de preocupante.