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El cambio ya no es un lujo, es cuestión de supervivencia

Por: Redacción 29/10/2015

Cuando a fines de los 90, Netflix irrumpió en el mercado, popularizándose pocos años después con su servicio de películas , difícilmente Blockbuster, la cadena de alquiler de videos que hasta ese momento tenía un liderazgo indiscutido, haya imaginado que le quedaban apenas 10 años de vida.

A la distancia hoy se ve claro: Blockbuster se perdió de ser Netflix por no cambiar y adaptarse a las nuevas necesidades que planteaban los usuarios y a las nuevas oportunidades que ofrecía la tecnología.

...PARA COMPRENDER Y PODER TENER ÉXITO EN EL MUNDO DE HOY SE REQUIERE MUCHO MÁS QUE UNA ESTRATEGIA; SE NECESITA UNA NUEVA LÓGICA DE PENSAMIENTO.

Mientras Netflix (principal consultora colaborativa de América Latina) ganaba adeptos con un servicio de basado en un abono de tarifa plana mensual, Blockbuster seguía aferrado a su modelo de negocio tradicional, en el que una persona tenía que ir hasta la tienda a buscar una película y pagar multas si no la devolvía a tiempo.

Desde aquel entonces, los cambios se han acelerado. Hoy es aún más frecuente la aparición de tecnologías disruptivas que rompen los esquemas de negocios existentes. Google, Facebook, Apple, Airbnb, Napster, Uber, Instagram? y la lista continúa, el mismo Netflix ha tenido que reinventarse varias veces.

Por eso, hoy el cambio no es un lujo, sino una cuestión de supervivencia. Ya no se trata de adaptarse a los cambios, corriendo detrás, con la esperanza de que en algún momento todo volverá a una relativa normalidad. Esta es la nueva normalidad.

La necesidad de un nuevo marco de pensamiento

Los cambios de hoy son tan profundos que alteran constantemente los paradigmas básicos de los negocios.

Por eso, para comprender y poder tener éxito en el mundo de hoy se requiere mucho más que una estrategia; se necesita una nueva lógica de pensamiento.

Por ejemplo, en términos de comunicación y del manejo de la reputación de una organización, la vieja lógica del modelo vertical, en el que un único actor -sea el gobierno, una empresa o una institución- se relacionaba con los demás (ciudadanos, empleados, clientes) "bajando" mensajes distintos para cada uno ya no funciona.

Hoy todos estamos conectados con cientos o miles de personas, y podemos influenciarlas y somos influenciados por ellas. Nuestro nivel de interconexión hace que vivamos como si estuviéramos en esferas de cristal, en las que todo se sabe.

Todos tenemos acceso a dos elementos que antes eran de uso exclusivo de los medios masivos de comunicación: alcance y credibilidad. Tenemos alcance porque por Facebook, Twitter, Instagram nuestro comentario o foto puede llegar a millones de personas, y ganamos credibilidad porque la gente aprendió a desconfiar del , pero aún confía en las personas.

El poder de comunicar se ha democratizado. Las organizaciones enfrentan un nuevo contexto en el cual cualquiera puede hablar de ellas, bien o mal. Ya no pueden controlar la conversación. Lo único que pueden controlar es su participación en la conversación y si esa participación no es relevante, es rápidamente ignorada.

Así, el mundo en el que vivimos ya no es vertical, es orbital*: Ya no hay posiciones de poder, sino órbitas de influencia. Todos -personas, organizaciones, gobiernos- nos relacionamos con gente que circula en órbitas distintas pero interconectadas. Por eso, ya nadie puede lograr resultados si sus objetivos no están alineados con el interés común.

Y ante un mundo tan complejo, una mente -o unas pocas- no bastan. El consultor gurú, aquel que desembarcaba en una empresa para darle la receta del éxito, ya no existe.

Hoy en día, una organización que quiera enfrentar el cambio, descubrir su propósito y alinearlo con el interés común para conseguir resultados extraordinarios necesita consultores que sean verdaderos colaboradores y quieran recorrer junto a ella el fascinante camino hacia el futuro.

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Miércoles 29 de julio de 2026

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