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El camino es la humildad

Por: Redacción 16/07/2014

Miembro del Center on Global Prosperity, de Oakland, California

 

Costa Rica, que no tiene ejército, pero sí una selección de fútbol que sorprendió al mundo, hoy está considerado el país con mayor “desarrollo social” de América Latina, con un PIB per cápita de US$ 11,156 anuales, entre Argentina (US$ 11,658) y Brasil (US$ 10,264), y va por el buen camino: el contrario de la soberbia.

Es auspicioso que el presidente, un académico de izquierda que asumió el 8 de mayo, haya decretado la prohibición de incluir su nombre en placas de obras públicas porque estas se erigen con el aporte de todo el pueblo y, además, no quiere ver su retrato en las oficinas porque es un ciudadano más.

Además, ha dado muestras de sensatez, aun alejándose de ciertas tesis de su partido, como reconocer la importancia de la inversión extranjera y el libre comercio, aunque no parece dispuesto a un fuerte levantamiento de las “regulaciones” existentes. Desea reducir las tarifas eléctricas, de internet y de la gasolina, pero no termina de aceptar la eliminación de las leyes que otorgan monopolios al Instituto Costarricense de Electricidad y Recope.

Entre más grande la soberbia, más destruye. En Cuba, donde los Castro quieren decidir hasta lo que deben pensar las personas, el salario medio no llega a US$ 20 mensuales y la destrucción no fue mayor, gracias a la ayuda de Estados extranjeros, particularmente la ex URSS que al caer produjo que, entre 1991 y 1994, el PIB isleño cayera en torno al 35% y el régimen debió abrirse al capital exterior.

Otro caso interesante es el de México, que logró la aprobación de la reforma en las telecomunicaciones. Si lo que se quiere es terminar con los monopolios y grupos dominantes deberían levantar las leyes que dificultan la entrada de pequeños actores, pero no crear un organismo burocrático, como el Instituto Federal de la Competencia, que exige al grupo que controla el 84% de la telefonía fija y el 70% de la móvil que comparta sus infraestructuras con la competencia, y a la mayor televisora del país, con el 60% del mercado, que ofrezca gratuitamente la señal a las televisiones de pago. ¿Quién es el burócrata para imponer su criterio sobre el mercado?

Buena es la propuesta de poner fin a un “símbolo de la patria”: el monopolio estatal de los hidrocarburos de Petróleos Mexicanos (Pemex), que genera pérdidas (US$ 12,000 millones en 2013) y que tiene una producción declinante al punto que México, el séptimo productor mundial, importa el 50% de la gasolina y el 30% del gas.

 

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