El campo
Para nadie es un secreto que los productores panameños están sufriendo, y muchos han decidido dejar el campo para dedicarse a otras actividades. Las deudas y la complejidad del mercado de los alimentos, donde los intermediarios hacen fiesta, los deja fuera del negocio.
Los indicadores que miden el desempeño del sector agropecuario confirman que este año que termina ha sido difícil por muchas razones. El nivel de endeudamiento de la gran mayoría de los productores está al tope y vivir de los créditos o programas estatales no es tan favorable en tiempos de libre mercado.
Mientras en el exterior se venden productos como el arroz a precios muy competitivos, en Panamá los arroceros han reducido la capacidad de sus fincas y siembran menos arroz por falta de capital para invertir.
Sus métodos de producción son los mismos lo que hace más costosa cada hectárea sembrada, y de paso sus precios a los molineros también deben ajustarse al alza. La razón principal de esta situación es que los arroceros no lograron consolidar su sector y quedaron expuestos a las importaciones de arroz.
Ahora se importa arroz más barato y mejor calidad de la que se produce en las fincas nacionales, lo que puede ser considerado un arma de doble filo para los consumidores que solo piensan en precios, sin importar de donde venga.
La política agropecuaria de sufrir cambios importantes en los próximos meses, porque una vez comience a explotarse el acuerdo de libre comercio con Estados Unidos llegarán al país muchos productos subsidiados que acabarán con los nacionales si no están preparados.
El tiempo se acaba y todavía no hay acciones concretas más que aceptar que existe un problema. Es tiempo de pasar de la inacción a una dinámica que ayude a mantener por lo menos una parte del sector agrícola.