El Canal: camino a un sueño
En la mañana del 3 de septiembre de 2007, se inició oficialmente la ampliación del Canal de Panamá, con la detonación de un gran volumen de tierra y piedra del Cerro Paraíso, ubicado en las riberas del Canal. El espectáculo de esa voladura fue descrito como sorprendente, tanto para los que estuvieron presentes, como para aquellos que observaron el evento a través de diversos medios de comunicación.
Ahora, transcurridos ya cinco años de ese día de invaluable peso histórico para el patrimonio panameño, estimo propicia la ocasión para exaltar el reto que asumió nuestro Canal.
Siendo una fecha de especial recordación, vienen a mi mente muchas ideas para abordar, pero no encuentro una más válida para celebrar los pasos firmes de este proyecto que contarles de una agradable experiencia en el área canalera.
Hace una semana, tuve la oportunidad de disfrutar de una travesía por tierra, a lo largo de la carretera transístmica hasta llegar al sector Atlántico, específicamente a Gatún, donde se encuentra el centro de observación de los trabajos de ampliación, recientemente inaugurado por el Canal de Panamá, para deleite de propios y extraños.
El propósito de mi visita fue compartir en familia, la fascinante experiencia de vivir juntos este trascendental momento de la historia panameña, el ensanche de la bien llamada octava maravilla del mundo moderno.
El instante sirvió de plataforma para conversar de nuestros vínculos históricos con esta imponente obra y recordar la participación de tres generaciones de una misma familia en el Canal de Panamá, evocando la nostalgia de un pasado y la esperanza de un futuro aún más prometedor.
Si bien es cierto, ninguno de nosotros fue partícipe de la creación de la otrora obra, este tiempo nos permite ser protagonistas de un momento único e irrepetible.
Nuestro recorrido involucró más que el tiempo marcado por las manecillas de nuestro reloj, comprendió casi cien años de historia cuando en 1914, se inauguró esa megaestructura de ingeniería que revolucionó la industria marítima.
La construcción del tercer juego de esclusas anida en muchos una serie de memorables y significativos recuerdos repletos de vivencias de generaciones pasadas, que dejaron huella en su andar y que permitieron crear en su descendencia su propia historia personal.
Fueron los progenitores de la Patria (chinos, negros, blancos y mestizos) quienes estuvieron involucrados en la primera construcción, y ahora nosotros, la nueva generación de panameños, los que contribuimos a su ampliación. Aquellos con sus experiencias allanaron el camino que hoy recorremos, sembrando en la tierra canalera el sudor que hoy baña el orgullo de expandir esta ruta marítima.
La tierra, la roca, el agua rememoran sentimientos del pasado, del presente, que conjugados entre sí hacen lo que es hoy y en un futuro seguirá siendo el Canal de Panamá: fuente de inspiración nacional.
Al arribar al mirador del Atlántico, fue majestuoso ver los adelantos de la obra. Capturar en un instante, la imagen de tantos hombres trabajando arduamente, bajo el sol que nunca dejó de brillar y la potente maquinaria operada por panameños abriendo la inmensa trocha de ese sueño que afanosamente nos hemos abocado a realizar.
Desde un sitio privilegiado, por encima del nivel del mar, vestido de un verde natural, escoltado por flora de la región y abrigado por azules aguas, contemplamos el viaje marítimo de un buque contenedor y como contraste, el pintoresco panorama de columnas de acero y franjas de tierra que moldean la obra en construcción.
Hablar de la experiencia vivida sin mencionar cada detalle sería injusto, pero tanto esplendor es casi imposible explicar. Por eso le invito a conocer personalmente este centro. Visitar este sitio rebosante de energía, reúne una sucesión de sueños, los sueños de grandes hombres de una próspera nación.
Colaboradora.
