El cierre del Pedagógico
La primavera de la vida es una metáfora de la juventud. El mensaje fundamental de "La vida es sueño", de Pedro Calderón de la Barca, es la libertad del hombre para escoger su destino. Nos dice: "¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño, que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son".
Primer comandante del Batallón Juana de Arco, mi padre representaba la doctrina lasallista tatuada en el alma. Raro, entonces, que en aquella oficina refrigerada de El Cangrejo pasásemos las pruebas para abandonar las aulas del colegio La Salle tan querido para ingresar en 1961 al cuarto grado del Instituto Pedagógico de Las Cumbres.
En punto a las 6:10 a.m. se arrimaba el conductor Sánchez, del bus número cuatro, en letras romanas, a nuestra residencia bellavistina para entonces recoger a los profesores Humberto y Dilsa Vergara en Perejil antes de ascender La Cresta y zigzaguear el camino hacia vía Las Lajas en Las Cumbres, lomas aun repletas de fresca neblina entre nacientes rayos de sol y el sonido de los sacos resonadores de los renacuajos.
Los hermanos Salem y Yauda Kuzniecky emigran de la República Argentina a Panamá con la ilusión de cincelar un novel "Homo sapiens panamensis", con los tomos de Sarmiento, libros diferentes de la albiceleste Editorial Kapelutz, recreos musicales con notas de Bach, Beethoven y Mozart, clases de Agricultura para que los varones aprendiésemos a amar la tierra y de ballet para que las damas moldearan sus jóvenes cuerpos a través de Pas de Deux. ¡Y qué enorme éxito gozaron!
Entre La Salle y escuela preparatoria en Massachusetts, los cuatro oxigenados años en el verdor del paraíso, forjaron ese sueño de Calderón de la Barca, así como lo multiplicaron en cientos de estudiantes durante el medio siglo crucial del desarrollo istmeño. Abandonando la tradicional separación por sexo católica, nos coadyuvó a tratar de comprender el misterio de las mujeres, aquella meditación de John Gray en su obra "Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus".
Las esculturas en barro de la maestra Isis Tejeira durante las clases de Artes Manuales, las andanzas de Diego de Nicuesa por Veragua y la fundación de Castilla de Oro hecho cuentos por una Dilsa Vergara, que más allá de profesora de Historia y Geografía era un flautista de Hamelin que con su encanto cautivaba el auditorio, el correcto balbuceo de la lengua nacional y estricta ortografía de Carmen de Paz, las clases de anatomía con el polifacético profesor Humberto Vergara eran variantes que adornaban las excepcionales jornadas. Entre notas musicales, las tupidas cejas del filósofo maestro Ferrazzuolo y el trinar "O Sole Mío", "Alma Llanera" y "Santa Lucia" surge una creatividad que discierne las generaciones de pedagogistas del típico estudiante.
Las no programadas visitas del director Salem con sapiencias que rascaban el cerebro entre sorbos de café, cuestionamientos aristotélicos que obligaban al raciocinio, los suculentos almuerzos y meriendas, todos formaban parte de nuestro desarrollo intelectual.
Nos obliga la misiva del 29 de junio a padres y acudientes que anuncia su cierre, a una profunda reflexión, sobremanera gratitud, tristeza y nostalgia por ese sueño, por ese precioso capítulo que forjó la existencia de tantos hombres y mujeres de la Patria, una ilusión que fue y ya no será, que, no obstante, permanece enquistado en la memoria y refresca en cada reencuentro con compañeros y maestros como el trinar de los gallitos y el olor a café y leña del amanecer de nuestra campiña.
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