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El ciudadano común busca su candidato


Según la encuesta Dichter & Neira (febrero de 2012), cerca del 50 % de la ciudadanía “ignora, menosprecia o resta importancia” a los actuales precandidatos a la Presidencia. En consecuencia, corresponde a los propios “precandidatos” con sus respectivos equipos de campaña, analizar las causas reales que motivan tan señalado menospreciamiento popular… Quizás por ello, el ciudadano común ha encendido la lámpara de Diógenes, y anda por ahí buscando “un candidato entre los hombres y un hombre entre los candidatos”. ¡Pero son tantas las exigencias, que corre el riesgo de no hallar candidato suficiente!

Las precandidaturas, que en papeles de diversos colores le hacen desde muchas paredes y medios de comunicación no encajan en su humilde aspiración de elector, porque parecen excesivas y poco convincentes. Mientras, los partidos políticos (oficialistas y de oposición), adelantan la organización de su hoja de ruta para escoger, mediante “elecciones primarias”, a sus respectivos candidatos a la Presidencia de la República (2014-2019). Sin embargo, entre la tibieza y la pasión está el sentimiento humano y cálido, que da vigor a la inteligencia sin turbar su claridad. Y al desdeñar el apasionamiento, volvemos la espalda a los apasionadores de uno y otro bando.

PASO A LOS PROFESIONALES PROBADOS, INCORRUPTIBLES, A LOS CIUDADANOS HONRADOS.

El ciudadano común quisiera ser un espíritu libre y no recaer, bajo nuevos disfraces, en aberraciones de edades pretéritas. Por eso no está dispuesto a entregar al politiquero la libertad que ha conquistado luchando democráticamente.

El ciudadano común votará al candidato que le presente este programa de gobierno: Educación, trabajo, salud, vivienda, democracia, justicia, recreación y ética. “La política no puede hacer felices a los hombres, ni hacerlos discretos, ni hacerlos ricos. En consecuencia, debe la política retirarse al secundario puesto que le corresponde, en vez de erigirse en escaparate de la vida social”. Durante las últimas décadas Panamá ha mejorado algo, mientras su política era cada vez peor. Como en esta un telón de boca que nos impide ver el resto de la existencia nacional, nos parece que moralmente va en decadencia.

¡Señores politiqueros: a retaguardia, así los viejos como los jóvenes! Paso a los profesionales probados, incorruptibles; a los ciudadanos honrados, a los empresarios honestos, a los patriotas. El patriotismo nos obliga a sentir vergüenza, pero a la par de sentirla con calma, fijando bien la pupila sobre los hechos. No es patriota el que se lamenta de quien disfraza el perfil de la realidad patria, sino el que procura valientemente ver las cosas claras, y en vista de ello medita la curación.

Pedagogo, escritor, diplomático.