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El Colegio de los Jesuitas


Rosendo Torres (opinion@epasa.com) / PANAMA AMERICA

En la entrega anterior, el padre Maroni aduce las palabras del señor obispo don Pedro Morrillo, carta escrita en octubre de 1740 sobre el Colegio de los Jesuitas:

“Señor. No excusa mi obligación dar cuenta a V. Majestad del estado en que se halla la fábrica de la Compañía de Jesús en esta ciudad, la cual habiéndose empezado a expensas de la piedad de los vecinos y a solicitud y cuidado del Padre Ignacio María Cayroni, se halla hoy levantadas las paredes del primer cuerpo de cal piedra, y prosiguiendo en el segundo para la vivienda de los religiosos, lo que se dificulta pueda concluirse por la mucha escasez de medios, que tienen los Padres y lo exhausto que está este vecindario... no obstante del amor y deseo con que todos concurren a esta obra por los particulares intereses que cada uno logra de esta religión en la enseñanza de sus hijos, o en el fruto espiritual de su predicación, pues aseguro a V: Majestad que son desde que se quemó esta ciudad, el único alivio que hemos tenido así en las Misiones que han hecho... como en ser incansables en la asistencia de los enfermos para su dirección en el último trance de la vida, lo que ha mueve a todos a procurar se perfecciones su vivienda y establecer con fijeza la práctica de las escuelas, las que como viven en una corta casa del arrabal, no pueden actuar con la puntualidad que se requiere.

Todo lo que ha parecido de mi obligación poner en la Real comprensión de V. Majestad para que con su católico y piadoso celo el bien de sus vasallos, se sirva mirar esta obra como tan necesaria al bien espiritual esta Ciudad y Reino, dando para ello las providencias que fueron del Real agrado de V. Majestad C.R.L.G.D. muchos años para bien de la cristiandad Panamá y octubre 20 de 1740. Pedro Obispo.” No estaba aún perfeccionada la fábrica, cuando Dios por sus altos juicios se llevó para sí al P. Cayroni con una muerte cuando menos penada, tanto más llorada de todo Panamá, que veneraba al padre como su único amparo y consuelo en todas sus calamidades. Sucedió esta fatalidad el día 20 de diciembre de 1741 en que queriendo el Padre reconocer de cerca la fábrica para ciertas providencias, cayó del segundo alto sobre un montón de piedras, y la caída fue tal que a las cuatro horas después de recibidos todos los sacramentos, entregó el alma a su Creador, siendo de edad de 36 años. Después de la muerte del Padre, se ha ido perfeccionando la fábrica así de Colegio como también de la Capilla muy capaz que dejó empezada y número de los esclavos con que el Colegio, el día de hoy, aunque no son de los más acomodados, ya no experimenta los extremos de pobreza que experimentaban los años pasados.”