default

El combate a las FARC


Por muchos años Panamá ha adoptado la neutralidad como mecanismo efectivo en el tratamiento de conflictos vecinales. Más aun, prestó su territorio para que partes enfrentadas encontraran soluciones a sus problemas. Así fue el papel del Grupo de Contadora y Esquipulas. Pero en las últimas décadas el tema de la narcoguerrilla se ha convertido en un asunto supranacional, que ningún gobierno puede ignorar y que de hecho ha creado conflictos entre países vecinos. La situación de Colombia y Ecuador, a raíz del bombardeo colombiano que terminó con la vida de alias Raúl Reyes de las FARC, fue uno de esos ejemplos, porque la confrontación amenaza con desbordarse de sus respectivas fronteras. El tráfico de drogas, armas, seres humanos y del terrorismo mismo le han quitado a Colombia la exclusividad en el tratamiento, y hace que la guerra de hace cincuenta años se presente como un cáncer que amenaza la región. Ante el hecho nadie puede estar indiferente. El asunto de fondo es cómo y cuál debe ser la participación de los países vecinos de Colombia, y cuál y cómo debe ser, en especial la de Panamá. Lo interesante sería conocer si lo acordado por el ministro de Seguridad Pública, José Raúl Mulino, encara con realismo el problema y si las condiciones de participación ayudan o agravan la situación de Panamá, en instantes en que el desarrollo y la prosperidad es nuestro signo. Las informaciones parecen limitarnos a las acciones fronterizas, aunque un acuerdo con una de las partes en conflicto hace legítima la confrontación con la otra, un riesgo que se puede correr solo si se está en condiciones de enfrentar las consecuencias que ello supone.