El compromiso social de la televisión
Como resultado de la perfecta combinación entre imagen y sonido, la televisión se ha convertido indiscutiblemente, en el plazo de tan solo seis décadas, en el medio de comunicación de masas más importante de nuestra época. Ninguna de las sociedades que por razones de su desarrollo técnico e industrial disponen de este medio podría imaginarse una vida en la que no exista la televisión. Quiérase o no, la televisión se ha convertido en un elemento vital de la sociedad. Se trata de un hecho indiscutible, y todas las quejas sobre la existencia de la televisión --debido a sus posibles efectos perjudiciales sobre la sociedad y sus miembros-- resultan tan irrelevantes como el mero lamentarse que hacen ciertos pesimistas sobre la civilización contemporánea, a causa del masivo tráfico en las carreteras, o del dominio del espacio aéreo por los aviones de reacción.
Por ello, toda reflexión sobre las relaciones de una sociedad con la televisión habrá de partir del hecho de que la televisión tiene que ser aceptada como un medio técnico de la comunicación de masas altamente desarrollado; de que su utilización es un proceso irreversible, por cuyo motivo lo único importante será examinar si la sociedad respectiva ha organizado, y asimilado, lo más adecuada y racionalmente posible su medio televisión, y de si está en condiciones de sacarle el mayor provecho, tanto para sus necesidades como para su autorrealización colectiva e individual.
Una cualidad inestimable, y a un mismo tiempo también el dilema de las sociedades libres, es el hecho de que estas (excepción hecha de algunos principios generales) son en sus intereses, necesidades y objetivos, todo lo contrario de un todo unitario. Para las sociedades relativamente homogéneas, gobernadas por una ideología igualitaria impuesta por un centro de poder, no se presenta, por principio, el problema del acercamiento del medio de la televisión a las necesidades sociales. Esto se debe a que la imagen que los sistemas políticos con tendencia totalitaria ofrecen de su sociedad está esencialmente en concordancia con la imagen de la sociedad impuesta por la ideología.
El problema principal del uso de la televisión en tales sistemas consiste sobre todo en ofrecer esta imagen de carácter ideológico de una sociedad orientada unitariamente, de manera que se adecúe a las necesidades reales de la sociedad, consiguiendo así que el medio pueda ser de utilidad para el espectador.
En las sociedades organizadas en función pluralista, por el contrario, únicamente pueden hacer efectivos los intereses sociales a través de la misma organización pluralista de la sociedad. El verdadero problema de la televisión en una sociedad de este tipo, independientemente de la cuestión acerca de la conveniencia de su organización, radica, a nuestro parecer, en que este medio de comunicación debe, por un lado, mostrar las diferencias entre personas, intereses y opiniones que existen como base social del pluralismo y, por el otro, no perder nunca de vista los momentos de posible unidad dentro de la multiplicidad de intereses y opiniones. La sociedad pluralista, además, está necesitada de mediación y formación de opinión, y por ello ha de contar con un foro para tomar conciencia de sí misma.
El medio televisión, dadas las condiciones técnicas existentes, constituye realmente un instrumento especialmente adecuado para hacer posible ese foro y aportar contribuciones esenciales a la concienciación de una sociedad.
*Pedagogo, escritor, diplomático.