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El concepto de autoridad en educación


Cuando en alguna institución --grande o pequeña, numerosa o reducida-- se desgasta el sentido de la disciplina, generándose desajuste, desorden, desorganización, desobediencia, anarquía, es porque la autoridad no se ejerce, o se ejerce inadecuadamente, cuya función es muy clara: administrar los medios conducentes para que la entidad por ella regida logre los fines inherentes a su naturaleza. La autoridad es consustancial a cualquier institución, desde la más pequeña --la conyugal-- hasta las más dilatadas o universales, como son la Iglesia y la ONU. Pero la autoridad no se impone por el rigor ni por la fuerza, y menos en educación; vale decir, el autoritarismo no funciona en educación.

El papel de la autoridad es decidir, resolver, con un criterio que sepa escuchar, ponderar, incluso aceptando pareceres distintos al suyo si son mejores para los objetivos que se persiguen. La autoridad ha de saber administrar bien, gobernar sin prepotencia, imponerse sin estridencias, hacerse obedecer y respetar más por presencia que por amenaza. En verdad, el término que resume y sintetiza más ricamente el papel de la autoridad es algo muy noble, pero muy olvidado: servir, que es cumplir una tarea.

En la más alta dirección del Meduca (como en los establecimientos educativos), el adecuado ejercicio de la autoridad es tal vez más necesario que en otras entidades. No solo porque son muchas las personas que los forman, sino porque están para atender a seres en formación. Es lamentable la situación que han vivido o viven algunos centros escolares encabezados por autoridades ineficaces. Y lo son en general inútilmente duras, tornándose en arbitrarias y generando el autoritarismo. Pero también lo son, cuando la complacencia o la debilidad las convierten en inocuas, cuando no en inútiles.

La tranquilidad en el actuar, la firmeza, la seguridad, la continuidad de línea y acción, son los atributos que más anhelan los jóvenes estudiantes, porque en el fondo buscan esas cualidades que los guíen en la adolescencia, la edad que se caracteriza por su condición cambiante y conflictiva. No es la imposición, ni los castigos, ni las amenazas, ni siquiera el reglamento, los mejores medios para que se ejerza una autoridad como la que proponemos.

La intachable corrección moral, el ascendiente propio de un profesional en que la madurez humana y la prestancia personal, unidas a una seria capacitación pedagógica, constituyen factores que no deben faltar en ningún educador, ni mucho menos en el ministro (a) de Educación, directores nacionales y regionales, y directores de planteles educativos.