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El corazón, según el profeta Jeremías


Creo que aunque estemos todos lo mejor dotados mentalmente, aunque pretendamos alegar estudios especializados en el ser humano, no hay nadie, pensando sobre todo en uno mismo, que pueda explicarse las actitudes del corazón.

No voy a meterme en asuntos anatómicos, ni fisiológicos, ni a otros aspectos frívolos cuando se habla del corazón, más bien me voy a referir a las palabras del profeta Jeremías en el capítulo 17.

Dice así: “El corazón del hombre es la cosa más traicionera y difícil de curar. ¿Quién lo podrá entender?”

¿Qué responderíamos los cristianos a esa pregunta seriamente? Creo que aunque estemos lo mejor dotados mentalmente, aunque pretendamos alegar estudios especializados en el ser humano, no hay nadie pensando sobre todo en uno mismo, que pueda afirmar que entienda el corazón humano.

El corazón es un músculo que palpita según ciertas leyes y es el motor del ser vivo. Muy estudiado y hoy día hasta trasplantado. No se refiere la frase de Jeremías a estos aspectos.

Más bien se refiere a esa gama de comportamientos que hemos tenido en la vida, no como producto de una reflexión sino como algo que hicimos porque sí y nos podemos dar cuenta de que es una corazonada.

Y cuántas situaciones exitosas han sido productos de corazonadas. Y también cuántas soluciones catastróficas fueron corazonadas. De ahí que Jeremías exclame con gran visión ¿quién lo podrá entender?

¿Entender para qué? Para ayudarlo en sus confusiones, para guiarlo si acaso la corazonada trajo problemas, para enseñarlo a discernir sobre lo que debería hacer, etc... No faltará alguien que diga que no le interesa ese ejercicio, ni cualquier examen de comportamiento.

¿Quién lo entenderá? Nos preguntamos nosotros en nuestro Panamá y cada uno espeta su opinión sobre los sucesos desconcertantes con que cada día amanecemos y seguimos preguntando muchos porqués y nunca aclararemos por qué situaciones que se podrían arreglar sencillamente, complicamos la solución.

Sin embargo, el profeta Jeremías continúa respondiendo a la pregunta de ¿quién lo podrá comprender? “Ya, el Señor sondeo la mente y penetro el corazón para dar a cada uno según sus acciones, según el fruto de sus obras”. No todo en la vida se resuelve por corazonadas. Necesitamos al que conoce el corazón, nuestro corazón.

Sacerdote jesuita.