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El costo de crecer


La ciudad de Panamá ha crecido de forma desordenada. Cada edificio o infraestructura que se levanta tiene un efecto directo sobre los servicios públicos y las vías de comunicación que pasan a su lado.

En los últimos años los cambios de zonificación han puesto en apuros a las mismas autoridades. Áreas residenciales se convirtieron en zonas comerciales y con categoría especial para construir edificaciones multifamiliares.

En muchas ocasiones esos cambios no contemplan la capacidad de los servicios de agua, energía eléctrica y de alcantarillados.

El agitado desarrollo de la construcción ha golpeado también barrios de la clase alta donde ya se registran inundaciones de aguas negras y problemas con el suministro de agua potable.

El sector inmobiliario no ha detenido su ritmo de crecimiento, como existen desarrolladores serios y responsables, también sobran los que se conectan ilegalmente a las tuberías del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales.

Incluso en el Idaan existen listas negras de empresas que han realizado prácticas irregulares para utilizar el agua para sus proyectos. Algunas de esas empresas han destruido calles y perjudicado a los vecinos de las obras.

Panamá es una ciudad de rascacielos con servicios básicos construidos hace décadas.

El plan de reordenamiento de la ciudad capital, sumado al desarrollo del Metro y otros proyectos paralelos como el saneamiento de la Bahía han saturado aún más las calles.

Es necesario implementar planes de contingencia para fiscalizar con más rigurosidad cada proyecto residencial o comercial que se levante en la ciudad.

Exigir a los desarrolladores planes de contingencia reales donde se contemplen un mejor manejo de las aguas servidas, estacionamientos y vías de acceso a los proyectos.

Es clave que las entidades estatales y municipales trabajen de forma más coordinada en la aprobación de planos, tomando en consideración los problemas que existen en toda la ciudad.