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El costo de las botellas en el ámbito gubernamental


Las botellas en el gobierno no es tema de duda, pero lo curioso es que casi nadie lo cuestiona o y mucho menos cuantifica, para luego dilucidar el daño económico y social que en ello va implícito. ¿Por qué? ¿Qué nos ocurre con esto? ¿Será que ya caímos en la amoralidad?

Antes de analizar los posibles costos, definamos lo que son las botellas. Yo las catalogo en, A, B, C, D y algunas categorías más, pero dejémoslo allí. Las “A,” o clásicas, está conformada por funcionarios que sólo se presentan a cobrar. Las “B” van al trabajo pero no tienen asignación alguna. Las “C” tienen asignación pero ese puesto no sirve para nada. Las “D” tienen un puesto que sirve pero el funcionario no sirve; y así podríamos seguir. Al final de cuentas llegaríamos con facilidad a sumar unas 100,000 garrafas.

Ahora, si les asignamos un valor promedio de $1,000, parecería un poco elevado, pero la razón de ello es que además del salario base también debemos calcular los costos parásitos de mobiliarios, útiles, energía, vacaciones, seguro social, reservas, etc. Esto nos daría una cifra que estaría cercana a los mil doscientos millones anuales -$1, 200, 000, 000- en costos directos, pero eso no incluiría otros costos satélites más, tales como los costos de estorbo y los costos de no producción.

El costo estorbo involucra, por un lado toda la tramitación innecesaria que causan estas unidades, y por otro el efecto sicológico nefasto que tiene sobre los funcionarios que sí trabajan productivamente. Si tomamos, por ejemplo, el costo de los educadores que en vez de educar embrutecen; ¿qué costo lo asignamos? No me cabe duda que sería inmensamente superior a los mil doscientos millones al año.

El costo de no producción, se refiere al aporte que podrían hacer todos esas personas a la economía del país si los despiden y se ven obligados a ingresar en el sector descentralizado productivo del país; ese que tanto los necesita. ¡Imagínense a cifra que eso podría arrojar!

Pero hay otros costos aún más siniestros, tal como los costos de los recursos mal dirigidos. Estos son los dineros que le son sustraídos al sector productivo descentralizado para despilfarrarlos en el improductivo de estorbo central. Estos son recursos económicos que si se dejaran en manos de quienes pagan impuestos, serían orientados a las inversiones y la creación de nuevas fuentes de trabajo y economía.

A todo esto, ni hablar de todos los más pobres del país que jamás tendrán una botella en el gobierno, pero que sí se ven afectados en el costo de vida, ya que no existe almuerzo gratuito. Nada de esto es invento, pues en Grecia, Europa, y los EE.UU. este es el problema que enfrentan los gobiernos ahora que se quedaron sin $ y tienen que bajar planillas.

Todos nuestros gobiernos durante las elecciones han prometido han prometido revertir este mal. ¿Solución? Que se les corra salario por un año, durante el cual recibirán adiestramiento y salir a buscar empleo productivo como el resto de los mortales.