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El creer sin ver

Por: Redacción 12/07/2014

Tomás es como cualquiera de nosotros en esta cultura “científica” donde sin evidencias y pruebas, nada se acepta. “Si no veo en sus manos la marca de los clavos, si no meto el dedo en el lugar de los clavos, y la mano por su costado, no creeré”, Juan 2,25. María Santísima es el otro extremo: es el ejemplo supremo de creer sin ver, ya que siempre mantuvo su fe en la resurrección de su Hijo y no necesitó de apariciones para tener la certeza de que el Poder de Dios no tiene límites. María representa en la historia a los hombres y mujeres que producen, mueven y transforman acontecimientos, porque sin ver creyeron que era posible algo nuevo, positivo, capaz de hacer de este mundo algo diferente, más humano, más divino.

Creer sin ver, sentir en el fondo del alma que aquello vendrá, que con Dios es posible, que con perseverancia, con paciencia y con la certeza interior de que lo bueno tiene que suceder, es un don del Espíritu que nos “hace mover montañas” y produce en la historia grandes acontecimientos que transforman el mundo. Y la Iglesia nace de un acto de fe en la resurrección de Cristo y que con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés detonó un movimiento histórico donde millones de hombres y mujeres se lanzaron a seguir como discípulos y misioneros a Cristo Jesús el Redentor. Todas estas personas creyeron sin ver y perseveraron en el camino del Reino hasta el día de hoy.

Esa Iglesia que ha creado toda una nueva forma de ser basada en las Bienaventuranzas, la solidaridad y el respeto a la vida y a la dignidad humana, imitando a Cristo Jesús.

Es la Iglesia que creyendo en la Resurrección de Jesucristo se congregó en órdenes religiosas de hombres y mujeres que en monasterios de clausura o predicando la Palabra y asistiendo a los necesitados, viviendo la pobreza, la castidad y la obediencia, se inmoló en centenares de miles y miles de religiosos que dieron su vida por la causa del Reino.

Es la Iglesia que cree, sin haber visto, que Cristo ha resucitado y así lo proclama al mundo y se extiende por todas partes. Es la Iglesia que está en las familias donde se vive el amor de Dios y se reza, que va a misa y en donde todos se respetan.

Es la Iglesia que dice con aquél autor anónimo: “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido; ni me mueve el infierno tan temido para dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y encarnecido. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que, aunque no hubiera cielo, yo te amara, y, aunque no hubiera infierno, te temiera. Es la Iglesia que cree en el Cristo Resucitado y que con Dios es invencible.

 

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Viernes 7 de agosto de 2026