default

El crepúsculo de las ciencias sociales

Por: Redacción 07/07/2014

En Panamá las ciencias sociales están en crisis. Este enunciado, salvo por la excepción de carreras como economía y psicología, no solo es cierto, sino una realidad académica y profesional cada vez más evidente. Ahora bien, la evidencia más fáctica de que las ciencias sociales en el istmo se encuentran en una debacle, no solo se observa en la escasa matrícula en universidades y su reducida oferta académica; sino en el mismo universo laboral, en donde el mercado de trabajo privilegia carreras orientadas a la pragmática del comercio, la informática y la administración.

¿Cuál pudiera ser la posible causa de este desvanecimiento de las ciencias sociales en Panamá?

ENMARCAN LA PROBLEMÁTICA DE LAS CIENCIAS SOCIALES EN LA PANORÁMICA GLOBAL, EN DONDE ESTAS DISCIPLINAS YA NO ESTÁN DE MODA; EN PARTE, GRACIAS A LA HIPERREALIDAD DEL SIGLO XXI, QUE CONCIBE AL MISMO PROCESO DE ERUDICIÓN COMO UN PENOSO MALGASTE INNECESARIO DE LA EXISTENCIA, EN RELACIÓN AL DOMINIO CASI TIRÁNICO DE LA TECNOCRACIA...

Para algunos, la principal razón de que disciplinas como antropología, ciencia política y sociología no generen suficiente interés en los nuevos jóvenes que ingresan a las universidades, consiste simplemente en el poco conocimiento que se tiene sobre la utilidad de estas carreras.

Otros consideran que estas disciplinas, lejos de ser una opción de estudio y trabajo, se constituyen, en el escenario contemporáneo, como una extravagancia, ya que no parecen existir espacios legítimos para el desarrollo de estos profesionales.

Un tercer grupo considera que el problema es más complejo, enmarcan la problemática de las ciencias sociales en la panorámica global, en donde estas disciplinas ya no están de moda; en parte, gracias a la hiperrealidad del siglo XXI, que concibe al mismo proceso de erudición como un penoso malgaste innecesario de la existencia, en relación al dominio casi tiránico de la tecnocracia, de la ambivalencia ideológica y moral del relativismo posmoderno, a la pérdida de hegemonía de las meta-narraciones como la historia, la religión y la misma ciencia (por nombrar solo algunos ejemplos).

Finalmente, un último grupo cree que la apatía por las ciencias sociales en el istmo se debe a su herencia transitista; de esta manera, las ciencias sociales parecerían ir en contra de la lógica estructural en que nace y se desarrolla la sociedad panameña, la cual, producto de su pragmática socio-histórico ha creado las bases para el auge de algunas carreras y, la debacle de otras (caso de las ciencias sociales).

Sin tratar de debatir estas cuatro propuestas hipotéticas de respuesta, ya que en cierta medida todas tienen algo de verisimilitud; debe entenderse que las ciencias sociales nacen como una alternativa cientificista (más allá de las humanidades: historia, filosofía, etc.) por conocer e intervenir en la realidad social.

No obstante, y a diferencia de otras sociedades como la norteamericana y la europea, en donde el llamado de Karl Marx en relación con la necesidad de entender el trabajo científico social no como faena de descripción estéril, sino como un instrumento de cambio social (y de las mentalidades); en el istmo estas disciplinas no han logrado grandes transformaciones, reformas o cambios estructurales que hayan incidido poderosamente en el mejoramiento de la sociedad. Si bien es cierto, que el trabajo de los científicos sociales es silencioso y, muchas veces, desconocido e infravalorado por gran parte de la población, en nuestro país han sido escasos los aportes significativos que estas disciplinas sociales han generado.

Estos argumentos sitúan la problemática de las ciencias sociales en Panamá, y su posible desaparición (cierre de ofertas académicas en universidades y, escasos escaños laborales en los sectores público y privado), bajo un escenario incómodo, ya que obliga a proponer alguna alternativa factible para su revitalización.

Posiblemente, el mejor elixir para las ciencias sociales en una sociedad como la panameña, constituida bajo algunos parámetros socioestructurales que condicionan, hasta cierto punto, sus mismas posibilidades; sería, por una parte, la de crear mayores espacios para su desarrollo, ya sea otorgando más becas de investigación en ciencias sociales, incentivando en los medios de comunicación la divulgación de sus hallazgos científicos y, creando las condiciones institucionales necesarias para la absorción de estos profesionales a nivel público y privado; por otro lado, se requiere de un nuevo espíritu emprendedor por parte de los mismos científicos sociales (deben dejar el anacronismo), en donde se propongan, más que un cambio curricular de asignaturas o perspectivas, una reingeniería del rol de estos profesionales y el mismo objeto de estudio de sus disciplinas.

 

Edición Impresa

Viernes 7 de agosto de 2026