El cuento acabó
En el rejuego de la política abunda el doble discurso, y todo trato es bueno hasta que deja de ser útil para mantener el poder y el control del país.
La Alianza por el Cambio es como una novela de suspenso, aunque en ocasiones parece una comedia, en la que todos se acusan, pero nadie toma la decisión final de romper el matrimonio.
Y es que cuando se llega en matrimonio al poder, existen muchos intereses de por medio. Si los panameñistas decidieran romper ese pacto con Cambio Democrático, quedarían en juego muchos puestos políticos.
Los ministros panameñistas deberían abandonar sus cargos y, de paso, muchos de sus copartidarios también tendrían que buscar trabajo. Esa es una realidad de la que no se habla en los medios de comunicación, pero que todos en la Alianza la tienen presente.
No se trata tan solo de un divorcio político, va más allá de eso.
Ambos partidos oficialistas han dejado claro que irán con sus candidatos a buscar la presidencia de la República en el 2014. Algo que no estaba en los planes hace dos años cuando asumieron el poder.
Cada vez que salen los voceros de ambos partidos a tratar la relación de la alianza, aseguran que todo está bien y que se mantendrá. Pero cuando se apagan las cámaras y las grabadoras, pasa todo lo contrario.
La aprobación de la segunda vuelta terminó de desnudar esa cruda verdad de los aliados que están juntos, pero separados.
Lo más triste de la historia es que el país demanda de un gobierno eficiente, sin importar su bandera política. Al existir una marcada división entre los políticos que lideran las entidades estatales, es poco lo que se puede esperar de las mismas.
Divididos todos pierden, hasta el país.