El cuento fantástico en TV
Internet en sí mismo ha resultado ser, de una manera categórica, la consumación de un sueño que tantos autores tejieron desde la antigüedad. Sherezade y el extraordinario mundo de las mil noches y una más, libro compuesto por tantos autores anónimos del Asia y celebrado por innúmeros arabistas occidentales, desde Galland hasta Cansinos Assens, habrían visto este invento de nuestro tiempo como un prodigioso despertar al corazón mismo de la ficción.
Poe, Borges o Bioy habrían celebrado este laberíntico mundo del internet en alguna tortuosa trama, ya no de bibliotecas y pozos insondables amalgamados en un tiempo dirigido por un ser inmensamente superior, sino de algoritmos incógnitos y entelequias abstractas, contadas vaya usted a saber por quién, desde una cuerda teórica más desconocida que Dios.
YouTube, la sensación videográfica desde hace algunos años, ha logrado, entre muchas cosas, hacernos regresar al pasado con tanta facilidad que puede enfrentarnos así con toda la historia del cine y sus autores.
Pasa lo mismo con la televisión, medio que durante las últimas décadas ha devenido en un soporte superficial, sin propuestas interesantes para un público educado y menos, con la intención de dar al espectador medio un acicate para el pensamiento trascendente. Resulta estridente el contraste cuando podemos compararla con la televisión que se hizo hace 50 años. Para ello traigo de regreso dos importantes series que se produjeron en Estados Unidos a finales de los años 50 y principio de los 60, vistas por todo el mundo occidental: The Twilight Zone (Dimensión desconocida) y One Step Beyond (Un paso al más allá). Como están al alcance de todo mundo, vale la pena comentarlas.
Ambas pertenecen al mundo de la literatura fantástica. Género que conlleva dos características principales: en primer término, su temática, que pertenece al mundo de la irrealidad, en donde el tiempo, el espacio sin límites y el mundo del inconsciente juegan un papel medular; por el otro, sus finales son siempre impredecibles y sorprendentes.
En estas dos series de televisión, el espectador podrá contemplar, unas veces mejor desarrollado que en otras y en todo su esplendor, una versión estimulante de la literatura fantástica. Aparte de los guiones originales, justo es decirlo, muchas de sus historias son adaptaciones de reconocidos e importantes escritores.
Dimensión desconocida y Un paso al más allá son dos series imprescindibles de revisar para toda persona que quiera entender las verdaderas posibilidades de la televisión como instrumento provocador de pensamiento creativo. Al mirar muchas de sus historias, incluso, suponemos ha influenciado a importantes escritores. Entre nuestros creadores, aparecen fantasmas de estas series. En el guatemalteco Carlos Solórzano resuenan ecos muy reconocibles, lo mismo que en los panameños Jarl Babot y J. J. Martínez. Puede que se trate de coincidencias, lo cual resulta también atractivo porque demuestra que el verdadero arte no conoce fronteras en su expresión.