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El cursar de una ilusión
Un rayo de luz entra escondido a nuestro cerebro, nos trae el mensaje vibrante, es la inspiración ardiente de destellos luminosos que resplandecen ante la aurora roja del sol naciente, como una estrella fugaz que se escapa de su constelación en pos de mejores horizontes, iluminando las mentes ávidas, inyectando esperanzas sobre la faz de la tierra y, son ellas las que salvarán a la humanidad evitando caer en las redes fatídicas que asolan a las almas solitarias en este mundo, donde los desprevenidos se mueven sin destino definido.
LA EDUCACIÓN ES FORMACIÓN Y LO QUE PODAMOS INCULCAR EN ESTE PERIODO SEGURAMENTE VIAJARÁ CON NOSOTROS PARA SIEMPRE, COMO LA PRENDA DE LUJO QUE PORTAMOS A MANERA DE HERENCIA PARA LA ETERNIDAD.
Observo una educación aletargada en la actualidad, rodeada de pesadumbre, presa de recuerdos ancestrales en el que todo lo brindado por nuestros maestros, padres y abuelos fue mejor. Hoy abunda el desgano, los salones calamitosos, no como los nuestros que brindaban ejemplo de sanidad, hábitos que en nuestra niñez y adolescencias quedaron plasmados con letras célebres e indelebles.
La educación es formación y lo que podamos inculcar en este periodo seguramente viajará con nosotros para siempre, como la prenda de lujo que portamos a manera de herencia para la eternidad.
Los maestros que tuve de conducta impresionante y convincente, uno en la primaria: Agustín Pérez Colmenares, y en la universidad, Indalecio Rodríguez Sánchez, los dos ya extintos, aún conmueven mi ser embargando mis sensatas emociones, lanzando de sus gargantas fusiones envidiables de conocimientos inmortales, era la siembra de ideas enérgicas de ternuras inolvidables e insoslayables en la que el deber del hombre fuerte es no dejarse asimilar. Todavía conservo sus contagiosas premoniciones que portaré en mi caminar hasta despedir el último suspiro.
El sistema educativo, por tratarse de las inducciones mentales en el diario accionar, no debe mantenerse anquilosado, en el que el proceso lo tenemos que amar de forma incondicional, por la prestancia de sus avances positivos que motivan las posturas providenciales en la persona consciente del acto experimental.
Siento que se habla con insistencia acerca de la obra de mano que ha migrado a nuestros lares en ciertos casos aupadas por la capacidad optativa de poder cumplirse con probidad y eficiencias las labores a ejecutarse, debido al conocimiento y la habilidad mental establecida en el desarrollo conveniente de las actividades. Pero hay algo significativo que es lógico mencionar, aquí las influencias políticas pesan más que una sólida preparación. Para unos no hay trabajos, para otros grupos sobra. Así no se puede construir un país donde todos debemos ser iguales y obviamente gozar de las mismas oportunidades.
Nos preocupamos. Nos preocupamos por el acicalamiento mental, porque sabemos que en esta forma les podemos servir con halago y responsabilidad a la patria. Si hay fueros o privilegios de forma funcionales, estamos predestinados a desaparecer en los brazos despreciables del fracaso. La hermandad que suelen pregonar no la veo, solo lo cursi y eventual.
Cada día que transcurre un número considerable de niños tienen que desertar de las escuelas porque los padres no poseen el poder consistente de mantenerlos en las aulas, la consistencia menoscabada del poder adquisitivo los mantiene en vilo.
Con la separación de Panamá de Colombia y la construcción del Canal afloraron las diferencias individuales y económicas que aún persisten con caracteres señalados. Nos desprendemos ofreciéndoles una férrea formación educativa a los hijos y nietos para luego recibir la desilusionada respuesta: no hay vacante. Aquí las oportunidades son de clanes.
Creemos serviles a la patria con decoro en la formación de nuestra prole, pero no es nada gracioso que para unos hay mucho y para otros el molesto conjunto vacío y de esta manera solo podemos ver por el espejo retrovisor. Me pregunto siempre: ¿Para dónde vamos? Me es urgente gritar a voz en cuello, ¿por qué los puestos de trabajo tienen dueños? Pero es lo hegemónico, pariente del feudalismo criollo, lo que impone sus reglas retardativas.