El deber de participar
Los panameños no podemos darnos el lujo de abstraernos de los eventos que suceden a diario a nuestro alrededor y que son una muestra de nuestra aún imperfecta democracia, ya sea por desidia, banderías políticas, desgane, desgaste, frustración con el sistema, o simplemente porque nos parece que esos no son nuestros problemas, sino los del gobierno en turno.
No podemos ignorar y ser pasivos espectadores de injusticias, atropellos, violencia, ilegalidades, abuso de poder o por otro lado, de las presiones que algunos gremios organizados ejercen sobre el Estado (que al final somos todos), con el único fin de postergar o aumentar sus propios privilegios en detrimento de nuestros ya socavados valores.
Nuestra indiferencia, en más de una ocasión, es la ciega cómplice de las injusticias y situaciones que posteriormente criticamos y de las cuales diariamente nos quejamos, o que por ignorar o considerar que no podemos cambiar dejamos que sigan su curso, perdiendo de perspectiva el daño que eventualmente nos ocasionarán.
Educadores, médicos, funcionarios y hasta jubilados, son un ejemplo de estos grupos de presión que surgen a la palestra pública en forma cíclica y a manera de espiral cada cierto tiempo, reclamando con acciones de fuerza, paro de labores y cierres de calles lo mismo de siempre: mejoras salariales, pensiones privilegiadas, el status quo, etc..
Pero, ¿alguna vez hemos visto a estos mismos grupos defender con la misma beligerancia la necesidad de introducir en la educación una reforma curricular con la cual todos estemos de acuerdo y que contribuya efectivamente al preparar a nuestras futuras generaciones?; ¿los hemos visto cerrar calles y rasgarse las vestiduras con la misma vehemencia por modernizar la salud en nuestro país y ofrecer una atención medica con calidez y humanidad?
Si la respuestas común es ¡No!, entonces me pregunto, ¿por qué cuando estos grupos salen a reclamar a la fuerza que todos paguemos más impuestos para poder hacerle frente a sus reclamaciones, como ciudadanos no decimos nada, no reaccionamos y dejamos que sea el gobierno en turno el que responda y resuelva, al final con los dineros del erario público que no es más que nuestro propio dinero?
Nuestro compromiso como ciudadanos no termina en las urnas al emitir nuestro voto, por el contrario, allí empieza el deber de involucrarnos activamente en el acontecer nacional, de emitir nuestros criterios y de apoyar, no importa el gobierno que sea, las decisiones que consideramos son las correctas o por el contrario oponernos a las que consideramos incorrectas.
Es necesario entonces, para que este país sea diferente y crezca, que todos participemos y hagamos nuestras las decisiones de nuestro propio futuro. A ciencia cierta, el cambio que se requiere, está en nosotros mismos.
