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El deber de servir

Por: Redacción 19/04/2014

Servir es cumplir con un deber. Sí, servir es un deber que usted tiene con la humanidad que lo vio nacer, con la tierra que habita y con la comunidad a la que pertenece. Servir es un deber con su propia Iglesia. Servir es un deber que usted ha contraído con la gente con quien convive porque así como otros velan por usted, así como la familia, la sociedad y la Iglesia están sirviéndole, es un deber suyo comprometerse y corresponder a los beneficios que le han brindado.

El servicio es una forma de vivir evangélicamente; es una forma de vivir cristianamente, pues quien no sirve a su prójimo, no es auténtico cristiano.

Hay un pasaje bíblico muy interesante que sorprende. En él dice el Señor: “En el juicio final yo voy a separar a las ovejitas de los cabritos y les diré a las ovejitas vengan conmigo al cielo porque tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber, estaba desnudo y me vistieron, estaba solo y me acompañaron, triste y me consolaron, en la cárcel y me visitaron...”. Podría continuar diciendo el pasaje:... vengan conmigo porque era pobre y me ampararon, estaba inválido y me asistieron, era alcohólico y me ayudaron a librarme, era drogadicto y me ayudaron a redimirme, era tu hijo y me formaste bien, era tu esposa y me amaste y me respetaste, era tu padre anciano y me cuidaste en mi vejez, era tu empleado y supiste acogerme, promoverme, siendo honesto y justo conmigo... También dice el Señor en el mismo texto que habrá otros que no verán la gloria de Dios porque al mirar a los hambrientos, a los sedientos, a los solos, a los tristes, a los pobres, a los necesitados, no los ayudaron y se mantuvieron en su egoísmo.

Este texto nos hace reflexionar porque en verdad usted nunca podrá decir que es un buen cristiano si no ayuda a su prójimo. De hecho, el servicio es una forma concreta de ganarse el cielo, de parecerse a Jesús. Hay mucha gente que lo necesita y usted siempre debe estar dispuesto a servir. Es maravilloso y es motivador ver cómo las personas alcanzan felicidad en sus vidas en la medida en que sirven y se sienten útiles.

Hoy le pregunto a usted: ¿En su ambiente, en su circunstancia, a quién puede servir y cómo puede usted servir mejor? ¿Está usted satisfecho con la manera como sirve? ¿No podría hacer algo más? ¿No podría usted desarrollar más sus cualidades y servir con más calidad? ¿Ha visto las necesidades concretas que hay en su casa, en su trabajo, en el ambiente que lo rodea? ¡Hay tantas necesidades! La pobreza actualmente es inquietante; la corrupción que existe en diferentes campos: el moral, el social; la problemática existente con los vicios es terrible: el alcoholismo, la droga; la soledad de tanta gente, aún estando en la compañía de otros; la depresión y la tristeza que embarga tantos corazones… ¿Por qué no hace un análisis de su ambiente? ¿Por qué no se compromete a servir a la humanidad hasta el día de su muerte y de esta manera poder ganarse el cielo?

Para que usted pueda servir de verdad debe ir eliminando el egoísmo. A veces nos cansamos muy rápido de servir, porque no hemos eliminado nuestro egoísmo. Así servir, para muchos, no conviene; porque si servimos en demasía no habrá tiempo para pensar en nosotros y lograr grandes riquezas.

¡Cuidado! De hecho el egoísmo que padecen tantas personas en nuestra cultura y en nuestra sociedad solo podrá eliminarse del mundo mediante un cambio personal. Adquirir sensibilidad y comenzar a vibrar y a sufrir con el que sufre, abrir los ojos y comprender que hay mucha gente que vive un tremendo calvario y que tenemos que hacer algo por ellos; tenemos que ser más sensibles ante su dolor. El culto al “yo” en todas sus formas perpetúa nuestra debilidad de ser egoísta. Solamente se va a crecer interiormente mediante una unión profunda con los demás, una identificación con todos, especialmente con los que más padecen. Hay que volar esas fronteras del “yo” que hemos ido erigiendo y extender nuestro conocimiento de las necesidades del prójimo para así servir más y mejor. Esto nos hará más humanos y también, más divinos.

Rompa esas fronteras que le impiden acercarse al prójimo y recuerde que uno se hace grande, “siendo” para los demás. Seremos grandiosos interiormente en la medida en que sirvamos al prójimo. No se olvide de que el que quiere ganar su vida debe perderla, dice el Señor. Esto significa olvidarse de sí mismo para pensar más en los demás. ¿Qué se cansa? Pídale la fuerza al Señor que le dará toda la ayuda necesaria y con Él vencerá su cansancio. ¡Ánimo, sirva y no se canse! Con el Señor usted podrá vencer su cansancio porque ¡con Él usted es invencible!

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Viernes 7 de agosto de 2026