El declive de los Carnavales en la ciudad de Panamá
Por estas fechas, leemos con nostalgia cómo eran los fastuosos y llamativos Carnavales, no tanto los de principios del siglo pasado, sino los Carnavales de antes de 1970. Se distinguían por varios aspectos: eran participativos, los hacían y participaban el pueblo y las empresas privadas, sin casi injerencia alguna del Estado; eran verdaderamente internacionales, venía mucha gente a verlos y participar en ellos, y finalmente, porque todas las noches se podía ir a bailar, desde los clubes exclusivos y los hoteles hasta en los populares toldos, que eran tablados instalados para este propósito en barrios populares, principalmente en el relleno de Barraza y en Vía España, donde se turnaban para tocar las mejores orquestas nacionales y se presentaban las orquestas y artistas internacionales que venían a Panamá.
No repetiré lo mucho que se ha dicho sobre esos extraordinarios Carnavales, así que me limitaré a explicar por qué los Carnavales capitalinos se fueron apagando.
A principios de los 70, la dictadura militar, en uno de esos arranques típicos de los militares y políticos izquierdistas latinoamericanos, decidió que había que proteger al Carnaval panameño de la influencia extranjera y tomó medidas equivocadas que poco a poco fueron acabando con nuestro Carnaval.
Como política de Estado, se empezó por acosar a las empresas privadas, así que estas retiraron el apoyo al Carnaval, lo cual resultó que empresas como Kodak, Cervecería Nacional, Colchones Yero y muchas otras dejaron de sacar carros alegóricos fastuosamente decorados y dejaran de patrocinar las comparsas enormes que acompañaban a los carros alegóricos y a sus reinas con su corte completa. Pido disculpas por mi mala memoria a las muchas otras empresas que hicieron aquellos Carnavales.
Las colonias de extranjeros se vieron acosadas en sus empresas, sistemas educativos, actividades civiles y en su vida privada; de modo que suspendieron los carros alegóricos y sus comparsas. Así perdimos la comparsa de la colonia china, que sacó un año un carro alegórico que era un enorme dragón que echaba fuego por sus fauces mientras decenas de hermosas chinitas y sus acompañantes, luciendo disfraces de corte chino de color amarillo imperial, bailaban por la Central sus llamativas danzas. Dejó de participar la colonia española, con sus preciosas muchachas vestidas de andaluzas tocando castañuelas y bailando bulerías por toda la Central.
Quitaron a la reina de Carnaval de la capital para reemplazarla por una reina en cada barriada, lo cual además de quitarle vistosidad a los Carnavales, los atomizó.
Con la excusa engañosa de proteger al músico nacional, pasaron una ley que exigía que las orquestas que vinieran a Panamá tuvieran que llegar dos meses antes de Carnavales. No prohibieron que vinieran orquestas extranjeras, lo hicieron prohibitivo, y las orquestas y los artistas que venían a Panamá, como Richie Rey, Ray Barreto, Willy Colón, La Sonora Matancera, La Sonora Santanera, los Billos Caracas Boys, Johnny Pacheco, Celia Cruz, Xiomara Alfaro, Frankie Lymon, Rolando La Serie, Cortijo y su Combo, Tito Puente, El Gran Combo, Ismael Rivera, Roberto Ledesma y muchos más que tocaban y cantaban, no solo en el Club Unión o en el hotel Panamá, además se presentaban en los toldos populares, donde la entrada era tres dólares caballeros, damas gratis, dejaron de venir para el Carnaval de Panamá. Y venían porque en Cuba la dictadura castrista prohibió la celebración de los Carnavales y la mayoría de sus artistas había emigrado; en Puerto Rico no se celebran Carnavales, así que las orquestas cubanas, portorriqueñas, venezolanas venían a tocar acá. Panamá, en vez de aprovechar la coyuntura cubana para mejorar el Carnaval, se solidarizó con Cuba y también los acabó. Así que se le quitó este espectáculo al pueblo entero, pobres y ricos por igual.
Las orquestas obviamente no venían completas, contrataban músicos locales y se llevaban a los mejores para darles oportunidades que no tenían en Panamá, así que en vez de proteger al local le quitaron posibilidades de trabajo durante el Carnaval y después porque esas orquestas no regresaron a Panamá durante muchos años.
Pero lo que mató al Carnaval de la capital, como si fuera un tiro de gracia en la nuca de un moribundo en el suelo, fue dar libres el Lunes de Carnaval y el Miércoles de Ceniza en la mañana, o dar la oportunidad de pagarlos con otro día de trabajo, porque como el Carnaval en la capital ya no servía para nada, la gente optó por irse a carnavalear o descansar al interior o viajar al exterior. Como dice Pedrito Altamiranda en "Carnaval en la Central": "? y los rabis cogen brisa, para Miami y Coronado".
Y esto explica por qué los Carnavales del interior cogieron un auge que nunca tuvieron, aunados con facilidades como carreteras, transportes y hospedaje, según vemos en televisión todos los años. Pero lo peor de todo no ha sido la pérdida del buen Carnaval capitalino, sino su chabacano, vulgar y exorbitantemente costoso reemplazo.
Economista