El dedo en la llaga
El comunicado de Cambio Democrático (CD) descuartiza la influencia tóxica de Erasmo Pinilla en el sistema electoral. El comunicado afirma que Pinilla convirtió las elecciones de mayo en un gran fraude electoral, como también la compulsa de noviembre. “Pinilla ofende a los electores al asegurar que vendieron su voto y no respeta la voluntad popular”. Esta declaración constituirá el máximo agravio de Pinilla el día que se le enjuicie imparcialmente.
Ordenó la anulación de las elecciones de diputados de CD en circuitos donde los electores votaron a favor de Juan Carlos Varela. ¿De qué sortilegio se valió para distinguir los votos buenos a conciencia y los malos sin conciencia?, ¿güija, naipes, bola de cristal?
“Pinilla acusa a algunos diputados de CD de recibir dinero del Estado, cuando es sabido que todos los diputados del gobierno y la oposición gestionaron partidas y proyectos en beneficio de sus comunidades”. Es una afirmación que da en el blanco, desmontando el doble juego de la manipulación electoral.
Diputados del PRD y del panameñismo recibieron millones a lo largo de su trayectoria electoral para obras públicas. Diputados perredistas inventaron las partidas circuitales y las convirtieron en fundaciones controladas por sus familiares y partidarios. ¿Por qué aquellas partidas circuitales no beneficiaron las candidaturas del PRD, comprando conciencias, mientras se convierten en delitos electorales para los candidatos de CD?
En resumen, asevera el comunicado de la primera fuerza de la oposición, “el Tribunal Electoral que preside Pinilla ha manipulado esta elección, al acoger indebidamente las impugnaciones en contra de la mayoría electa de diputados del CD, para permitirle al presidente Juan Carlos Varela lograr una mayoría en la Asamblea y nombrar a su contralor y hacer lo que le dé la regalada gana”. “Pinilla atenta contra la democracia”. En otras palabras, un fraude gigantesco que proviene de un funcionario de una dictadura, cuyos secuaces lo incrustaron en el Tribunal Electoral para violar el resultado de los comicios de mayo.
El análisis político más elemental demuestra que los votantes le dieron a CD la nominación de 30 diputados para contrapesar a un partido al que solo confirió una significativa minoría. El recurso malévolo del defraudador de la voluntad popular está a la vista del pueblo panameño: arrebatarle a CD el derecho legítimo al ejercicio de una oposición democrática avalada en las urnas.
Pinilla jamás ha ocultado su antipatía política al gobierno de CD. Ha hecho cuanto ha podido en contra del partido, desde antes de las elecciones. Denunció que José Domingo Arias había utilizado ilegalmente información de la data del Tribunal Electoral para influir en decisiones favorables a su candidatura. Falsa denuncia, desacreditada por los hechos. Rechazó cuñas críticas contra adversarios del CD, pero permitió ataques calumniosos contra la administración del CD. Lanzó discursos tendenciosos contra el gobierno antes de las elecciones, y los volvió a emitir después de los comicios, ratificando sus preferencias y desavenencias políticas, como orador de mitin pueblerino.
Lo han denunciado y se ha negado a despojarse del fuero electoral. Lleva en su talante el cáncer norieguista. Desde una celda notoria de El Renacer se oyen nutridos aplausos.