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El delito de la libertad


Buenas noticias en los cables internacionales: 52 prisioneros políticos o de conciencia saldrán en libertad en los próximos días, de las cárceles cubanas. Imposible no alegrarse con el resultado de los esfuerzos mediadores de la Iglesia Católica, y los buenos oficios de la diplomacia española. Las Damas de Blanco tendrán a sus héroes desarmados, de vuelta en casa.

Los hombres libres del mundo no deberíamos olvidar, sin embargo, que los liberados son prisioneros políticos o de conciencia. Su delito fue pensar libremente, en forma distinta de la doctrina oficial y la verdad del partido, delito que se paga con larguísimas penas, en prisiones infames, donde, la privación de libertad es sólo una, la más importante, entre incontables humillaciones y sufrimientos. De vuelta en la calle tendrán dos opciones: o volver al silencio en que vive toda la población cubana, cuando no grita las consignas monocordes del castrismo, o viajar “con sus familias” al exilio, que es el “dolor con alas”, lejos de la tierra que aman. Prohibido opinar, prohibido oponerse. Eso no ha cambiado, pero ésa es la tarea de fondo.

Tarea pendiente para la opinión pública y los demócratas del mundo: que no haya más tiranos y que el totalitarismo sea sólo una mancha pestilente en la historia de la humanidad. No una gracia para reírles a los psicópatas montados en el poder.