¡El derecho como norma!
Ha transcurrido ya más de un año de gestión administrativa del Gobierno del Cambio. El país ha expresado preocupación y resentimiento por lo que es la altísima función de la administración de justicia, y cada ciudadano siente lo que son sus bienes, lo que es su libertad y quiere que aquellas personas (de cuya actuación depende el que se reconozcan o se violen sus derechos, el que se le garantice o se le prive de su libertad, el que se considere reo o inocente de un delito), sean escogidas con la más estricta objetividad y con el mayor propósito de prestar una función recta e imparcial. Una gran cantidad de trabajo espera al Gobierno del Cambio hasta junio de 2014. ¡Panamá depositó grandes esperanzas en este gobierno, y espera impaciente, se cumpla con lo prometido!
Si queremos reorganizar las instituciones, quizás la más delicada de ellas sea precisamente el órgano judicial. Que se busque la manera de sustraer ese órgano judicial a las influencias de las pasiones, de esas pasiones que muchas veces nublan el entendimiento y llevan al hombre a incurrir en hechos de injusticia y violaciones que de una manera serena y ecuánime sería incapaz de realizar. Echemos las bases de un órgano judicial genuino; juez es el que dicta la justicia, juez es el que se coloca por encima de las pasiones y de los intereses de los hombres para decidir conforme a la ley quién está ajustado al Derecho y quién infringe las normas de la justicia. ¡Colocar al órgano judicial al abrigo o por lo menos tratar de sustraerlo en lo posible de la marejada de las pasiones, sería un servicio incalculable para la República!
Tenemos que encontrar el camino para que el derecho sea verdaderamente norma de vida, norma fecunda y plena, factor positivo de transformación de nuestro pueblo, mensaje eficaz de justicia que llegue hasta todos los ciudadanos. Tenemos que encontrar el camino para que la lucha por el derecho se realice dentro del derecho; tenemos que lograr la fórmula para que la renovación de la vida jurídica tenga lugar dentro del ordenamiento jurídico. Esto supone una tarea dura pero hermosa.
¡La democracia en Panamá no debe ser palabra vana! Aunque imperfecta todavía, hay grandes posibilidades de mejorarla para que ella sea más operante en el terreno económico y en lo social. La democracia es para Panamá algo vívido como expresión de su sufrimiento, de su lucha, de su constancia. Los panameños hemos pasado muchas experiencias y de ellas hemos sacado la conclusión de que el sistema democrático es el que nos permite aspirar a que las conquistas que logremos para nuestro pueblo, sean conquistas definitivas y compatibles con nuestra dignidad humana y con los atributos de una ciudadanía responsable.
