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El derroche público


Las sesiones extraordinarias convocadas por el Ejecutivo para discutir tres temas específicos pasaron sin que se lograra el principal objetivo: aprobar las reformas electorales.

Los 15 días que duraron sirvieron para que la Asamblea Nacional ratificara el nombramiento de Abdiel Cano como director del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) y de Harry Díaz en la Corte Suprema de Justicia.

Nada que no se hubiera logrado en dos días de sesiones ordinarias.

Las estériles pugnas políticas entre los diputados de Cambio Democrático y del Partido Panameñista por la segunda vuelta electoral solo permitieron que se consensuaran algunos artículos menores de las reformas electorales.

Los pobres resultados obtenidos en estas sesiones no justifican, de ninguna manera, el gasto que hizo el Estado en recursos, logística, alimentación, movilización y papelería, entre otros.

Y mucho menos se justifica el estrés que le causaron al país las pugnas políticas que protagonizaron los miembros de la alianza de gobierno por el tema de la segunda vuelta electoral.

Los directivos de Cambio Democrático no recuerdan ya el comunicado que emitieron en febrero del año 2007 calificando como un “derroche” de dinero el fracaso de las sesiones extraordinarias convocadas por el gobierno de Martín Torrijos para discutir las fallidas reformas al Código Penal.

CD acusó entonces al Partido Revolucionario Democrático (PRD) de botar el dinero de los contribuyentes en unas improvisadas sesiones extraordinarias.

¿Cómo calificarán ahora el fracaso de sus sesiones extraordinarias? Será que la amnesia colectiva o la falta de vergüenza que sufren los políticos no les permite recordar lo que ayer criticaron.

El resultado más palpable de estas sesiones es el bochornoso espectáculo público que protagonizaron, en horas laborales, altos funcionarios por la segunda vuelta. La zozobra y la división política también hay que cargárselas a esta convocatoria.