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El desafío de Bosco


Las primeras críticas oficiales realizadas al alcalde de la Ciudad de Panamá, Bosco Ricardo Vallarino, fueron interpretadas por algunos como un escudo contra las críticas que se hacían al gobierno. Pasado un año, y en medio de la inauguración de un nuevo periodo legislativo, es evidente el cansancio presidencial con las molestias provenientes de las acciones del burgomaestre. No hay una obra importante que pueda mostrar Vallarino, y lo trascendente ha sido sus constantes transgresiones y una evidente incapacidad al frente de ese despacho, lo que traducido políticamente, es una pérdida constante. Pero como dirían los viejos: “lo que mal comienza, mal acaba”, porque en los errores de Bosco van implícitas, primero, el respaldo de quienes lo postularon aun a sabiendas de que no se había esclarecido la cuestión de su nacionalidad; aquellos que en la Asamblea cambiaron una ley para favorecerlo en una de las complicidades más cuestionadas de los últimos años, y de los que pese a las “metidas de patas” se han empeñado en mantenerlo en la Alcaldía. Desde ese ángulo es comprensible la petición de renuncia que le propusiera el presidente Martinelli, y que alguna manera avalara el Partido Panameñista. Pero Bosco ha sostenido que ni siquiera ha pensado en renunciar, en un desafío abierto al Presidente y al partido. Y lo que pareciera un acto de rebeldía, sólo es la evidencia de lo mucho que Bosco sabe de palabras, pero lo poco que conoce de política.