default

El desafío de las democracias


Ricardo Cochran Martínez (opinion@epasa.com) / Docente.

Empezaré aclarando que no soy abogado, solo un ciudadano más y considero que esta opinión es válida dentro del contexto de lo que es tan solo mi opinión.

La definición por antonomasia del concepto democracia podríamos exponerla así: vocablo griego que implica “cratos” poder y demos “pueblo”; pero según otros autores viene a significar: “gobierno de los artesanos y los campesinos”, es decir, de la parte productiva del pueblo en general.

Se escoge el poder político a través de la clase productiva de la sociedad, no es un privilegio tan solo de unos cuantos.

Por otra parte, la democracia implica que las decisiones son colectivas y atañen a todos los miembros del pueblo, no puede haber un totalitarismo proveniente ni de una persona, agrupación económica o partido político especifico. Todos ellos están regidos por los intereses que mayormente benefician a la sociedad completa y que la lleva hacia el progreso, la productividad y, por supuesto, la paz.

Tomando una frase de Ambroise Bierce, escritor y periodista, amigo del celebre Mark Twain, que dice “el elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”.

Considero que el honor y el privilegio más alto que pueda tener de forma política un ciudadano es representar la voluntad popular, en el puesto de presidente, y además si creemos en la democracia como un gobierno del pueblo, hemos de esperar que cada hijo de ese pueblo, tenga la oportunidad, la opción, la vía de postularse al primer cargo del país, de manera patriótica y honesta, sin la necesidad absoluta de ser postulado por un partido político.

Es un gran reto. ¿Por qué se ha de monopolizar la política?, porque solo a través de un partido político un ciudadano común, pero con la capacidad y la voluntad y el riesgo que supone este esfuerzo, puede participar. No se le debe negar tal oportunidad.

Por lo general, ha pasado que la sociedad tiene que escoger al menos malo entre los malos, sin ninguna otra opción. Las frases trilladas y demagógicas de tal o cual colectivo aduciendo que son “los salvadores de la patria” es obscuro y ambiguo, porque al parecer, y digo al parecer, tan solo se persiguen los fines lucrativos de los dirigentes de tal asociación que muchas veces no están acordes ni con la realidad nacional ni con el bien público.

En la variedad está el detalle; si por ejemplo consideráramos que solo aquellos que consienten en los intereses de los dueños de un partido, tienen derecho por sí mismos y, como menciona Bierce, tengamos posteriormente que escoger a alguien que no conocemos y que la línea del partido diga que es apto, pregunto ¿bajo qué criterio? Porque es un pacto, porque es el hijo de mi cuñada, porque fue familiar del Santo, porque aportó más dinero, porque le debemos la hipoteca.

No seguiré cuestionando tales suposiciones. No creeré que la respuesta sea tan trivial o superficial.

Sugiero que todo panameño que quiera su nación y además desee un mejor futuro o ayudar a construirlo en beneficio de las futuras generaciones tenga, aunque sea en el papel, ¡sí!, la oportunidad de participar democráticamente en una elección a presidente y que sea el pueblo quien decida.

Habremos muchos que hablamos de “luchar por la democracia”, de “sacrificarse por la democracia”, que somos “incorruptibles”… ¡ah! y unos santos; quien quiera defender la democracia, este es el momento: Igualdad de condiciones y de participación y que pueda codearse con los gigantes ya escogidos de antemano.

Porque ahora voy a utilizar la frase más populista de algunos y que he escuchado desde que era un niño: ¿O es que el hijo de la cocinera no puede ser presidente?...

Docente.

Edición Impresa

Martes 18 de agosto de 2026