El Despacho en discordia
Me es difícil criticar a familiares de políticos. Es más, estoy rotundamente en contra de hacerlo. Ni las esposas, esposos, hijos, sobrinos, primos, abuelas, tíos, tías, etc., ninguno tiene que ver con las decisiones de los políticos, sobre todo en función de gobierno. Esto por supuesto, más allá de una que otra persona que se cree por encima de lo moral y apela al nepotismo descarado.
Es por lo anterior que voy a enfocar esta columna en la existencia de una unidad de trabajo en el Ministerio de la Presidencia que se llama “Despacho de la Primera Dama”.
En el organigrama del Ministerio de la Presidencia de la República de Panamá, tal puesto (primera dama) no existe, porque no es un nombramiento con salario en una línea de presupuesto. Por esto, el sustento real de dicha ficción es una secretaría presidencial, cuyo encargado hace de jefe de despacho. Es esta persona, y no la primera dama, sea quien sea, la que finalmente es responsable de las firmas y de lo que suceda administrativamente en esta unidad.
Todo lo que he descrito es una realidad con menos de tres décadas. En el pasado de nuestro país, las primeras damas ocupaban un papel ceremonial y, en el mejor de los casos, ocupaban el papel honorario de presidentas de la Cruz Roja Nacional.
Desde 1991, el papel de la “primera dama” ha ido cambiando. Opinan de política, de alianzas, sobre los ministros y sus ejecutorias, etc. Además, han ido ganando terreno y competencias a ministerios, como Desarrollo Social, Educación, Desarrollo Agropecuario, Relaciones Exteriores y hasta en la Secretaría de Comunicación del Estado.
La revisión del papel de esta oficina presidencial es urgente. Es un buen momento para que nos preguntemos la razón por la que desde el Ministerio de la Presidencia se duplican esfuerzos y se ocupan tiempos de funcionarios, cuyo único propósito es seguir una agenda ajena a las políticas públicas desarrolladas en los consejos de Gabinete, espacio en el cual no participa la persona que encabeza esta oficina.
Los presupuestos de este despacho, y quiero que quede claro, son presupuestos públicos que emanan del Ministerio de la Presidencia, en colaboración con material en especies de instituciones como la Lotería Nacional de Beneficencia.
Si no se revisa el papel de esta unidad ficticia, pero que dispone de poder, ejecución presupuestaria y opinión política propia-muchas veces diferente a las políticas comunicacionales del propio Gobierno-, se va a convertir en un problema grave.
Ya hay ejemplos. En Perú, la ex primera dama Nadine Alarcón de Humala está metida en graves problemas que, si todo se prueba, la van a llevar muy seguramente a una celda.
En Guatemala se llegó a la excentricidad del divorcio del expresidente, en ese entonces en ejercicio, Álvaro Colon, y su esposa, Sandra Torres. Todo con la idea de que, para no caer en un problema constitucional, se pudiera postular inmediatamente después que su marido.
En Argentina, el gobierno de Néstor Kichner actuó en consecuencia para que la entonces primera dama y exsenadora Cristina Fernández ocupara inmediatamente después el solio presidencial.
Todo lo anterior provocó graves problemas políticos, legales y sociales en los países mencionados. Ya en nuestro país comienza a sentirse algo de insatisfacción con el tema. Ojalá le pongamos la atención debida pronto.
Ingeniero de Sistemas. Estratega-Consultor Político.