El deterioro de la calidad institucional en Panamá
Han transcurrido 27 años desde la invasión norteamericana a Panamá, de la cual se derivó lo que hemos llamado "retorno a la democracia", luego de 21 años de una férrea dictadura militar. Sin embargo, ese retorno democrático no ha evolucionado tal como se esperaba, ya que lo real reflejado ha sido un deterioro alarmante de la calidad institucional del país. Tanto es así que los encargados del gobierno actual se apoyan en un partido político que no funciona como tal y se percibe un presidente que exhibe una conducta muy personalista y que no promueve la necesaria participación de la comunidad y de los partidos políticos en el accionar institucional del país.
La consolidación democrática que los panameños desean ocurra, la cual se espera promueva la inclusión social y participación ciudadana de forma efectiva, no se materializa. Esto es imprescindible para mejorar la institucionalidad del país. Más bien, en estos últimos tres años hemos experimentado un retroceso en la calidad institucional, la que también se refleja en un deterioro en la calidad de la política nacional. La carencia de una visión política correctamente enfocada y la poca voluntad para llevar a cabo una transformación efectiva por parte de los gobernantes impiden un cambio positivo.
La mayoría de los ciudadanos panameños claman a diario, ya sean candidatos o no a un puesto de elección, por la importancia de mejorar la calidad institucional en el país, incluyendo a los partidos políticos. Sin embargo, notamos que, incluso a lo interno de los partidos, no hay una calidad institucional democrática que responda a criterios modernos.
Quienquiera que sea asuma el poder político en próximas elecciones se le haría difícil hacer otra cosa diferente a lo que sus propias instancias practican habitualmente. Como resultado, la calidad institucional no tendría visos de modernización.
Entretanto, seguimos agobiados por los múltiples problemas que afectan la calidad de vida de la gente, desde la grave inseguridad en las calles, pasando por el alto costo de la vida y el desempleo, hasta los deficientes servicios públicos de salud y educación. Esto ha provocado decepción, poca credibilidad en la población, por lo que se observa poco interés en la participación política, especialmente los jóvenes.
¿Qué esperamos entonces para el 2019? Por un lado, no más reelección de personas acostumbradas a vivir de puestos políticos. Se utilizan criterios de elección ausentes de una meritocracia, así como las designaciones directas (de a dedo) para los cargos públicos. Por otro lado, hay que tratar de eliminar la inveterada compra y venta de votos y el juegavivo electoral. Esperamos, por lo menos, que estas malas prácticas ¡sean erradicadas!
Ingeniero.