El día de furia panameño
Viernes 26 de octubre. En un universo paralelo en la lejana y hoy pujante Vietnam, allí donde alguna vez bombas y gases letales formaron parte de un cotidiano infierno, nuestro mandatario sella acuerdos de cooperación y a la vez emite instrucciones a la distancia.
A esa misma hora, pero de mañana y a miles de km, la vía Tumba Muerto queda literalmente muerta. En Vía España, Israel, Transístmica y otras arterias clave de la capital, paños cortados hacen de trinchera. Las marchas de las fuerzas populares crecen como una bola de fuego.
Plaza 5 de Mayo. En los previos de la Asamblea, un sujeto que podría representarnos en los Juegos Olímpicos como levantador de pesa, se echa al hombro una nevera a vista y paciencia de todos. A su lado, maleantes disfrazados de protestantes siguen el vil ejemplo con lavadoras y estufas. El caos es total: vandalismo, balas y anarquía que recuerdan aquel vergonzoso saqueo masivo de 1989. La calle –Avenida Central, Santa Ana y Calidonia– es tierra de nadie. La seguridad policiaca por ninguna parte.
A esa altura y como un volcán, el proceso de derogación a la Ley 72 (que permite venta de terrenos en la Zona Libre) vía legislativa seguirá emanando lava hasta que a las 12:01 de mañana domingo se restituya el Decreto Ley 18 de 1948 que creó la zona franca.
Las preguntas van y vienen. ¿Los diputados realmente leen las leyes de proyectos antes de aprobar en masa? ¿Tienen que haber muertos y heridos para recapacitar sobre artículos inconsultos? ¿Por qué llegar hasta un peligroso punto de no retorno? ¿Suntracs debe hacerse responsable por tanto descontrol? ¿Es Panamá una nación en desarrollo? ¿Se puso en riesgo la gobernabilidad?
La imagen de país estable se ha forjado a pulso. Su escudo económico de dos dígitos lo avala. Los vecinos nos toman como ejemplo. Entra en vigor un TPC con EE.UU. Y sí, de alguna forma, hay que asegurar el financiamiento a necesarios mega proyectos. Pero de qué forma. Es tiempo de meditación y cese de violencia, pero el trópico es caliente.