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El difícil contexto externo

Por: Redacción 20/01/2016

La habilidad de realizar proyecciones relativas al impacto de la situación internacional sobre la economía panameña no constituye una especial habilidad de los altos funcionarios de Gobierno. Así lo muestran algunos hechos recientes, como otros de mayor data.
De acuerdo con declaraciones del ministro de Economía y Finanzas, publicadas en La Estrella de Panamá el jueves 7 de enero del corriente, este estaría exigiéndole  al administrador de la ACP que frente a las posibles demandas de los contratistas, esta entidad tenía la obligación de “generar las reservas necesarias para hacerles frente a dichos reclamos…, de manera que las transferencias o aportes al Estado afecten los menos posibles”. Frente a esta posición, el administrador de la ACP le contestó al ministro de Economía y Finanzas, recordándole una sencilla ecuación contable, que este último no parecía capaz de entender. De acuerdo con esta, “cualquier reserva sale de lo que se le da al Estado” debido a que “no existe otra fuente de ingresos”, de manera que se trata de “un solo bolsillo”.
Lo más interesante de la posición del encargado de la ACP es su reconocimiento implícito de que las proyecciones internacionales utilizadas en la evaluación del proyecto de Ampliación del Canal de Panamá carecían de realidad. Esto se evidencia cuando afirmó, en sus declaraciones del 8 de enero en La Estrella de Panamá, que “las proyecciones cambiaron principalmente, por la crisis del 2008 y no por el retraso de la ampliación”.
Sobre esto último se debe señalar que, pese a que difícilmente se podía prever la profundidad de la llamada Gran Depresión iniciada en el 2008,  no faltó quienes les advirtiéramos a los entonces encargados de la ACP sobre el carácter exagerado de sus proyecciones basadas en las perspectivas de la economía internacional. Es así, por ejemplo, que en un trabajo que redactamos en septiembre de 2006, bajo el título: “Análisis del Proyecto de Ampliación del Canal de Panamá”, no solo llamábamos la atención sobre el carácter exageradamente optimista de  las proyecciones de la ACP, sino que, además, señalábamos dos importantes dificultades de la economía norteamericana del momento. La primera se refería a “la presencia de un sobreendeudamiento de los hogares norteamericanos, para los cuales la deuda se ha incrementado en 42.0% en los últimos 5 años”. La segunda comentaba sobre “el final de la burbuja de la construcción de viviendas, en condiciones en que para los últimos meses, la inversión en este tipo de activo ha decrecido en 6.3%”. Estas advertencias no solo se desestimaron, fueron, además, objeto de un trato hostil por algunos representantes de la ACP.
 
LO MÁS INTERESANTE DE LA POSICIÓN DEL ENCARGADO DE LA ACP ES SU RECONOCIMIENTO IMPLÍCITO DE QUE LAS PROYECCIONES INTERNACIONALES UTILIZADAS EN LA EVALUACIÓN DEL PROYECTO DE AMPLIACIÓN DEL CANAL DE PANAMÁ CARECÍAN DE REALIDAD.
Las declaraciones del ministro de Economía y Finanzas, según las que “no estaba previsto que se tendrían retrasos de la obra y los consecuentes reclamos del contratista”, también ameritan un comentario. Es conocido, para quien tenga el más mínimo conocimiento sobre formulación y evaluación de proyectos de inversión, que un problema que tiende a aparecer en la ejecución de las grandes inversiones se refieren a los posibles impactos negativos que se generan sobre los costos, ya sea directamente o por los retrasos. De hecho, todo proyecto de inversión debe contener un estricto análisis de sensibilidad que tome en cuenta estos fenómenos. Que quienes están encargados del manejo de la economía y las finanzas del país desconozcan esto resulta inaudito. 
Es importante que, hacia adelante, tanto los encargados de la ACP como del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tengan en cuenta la difícil situación que parece caracterizar el contorno internacional en el que se desenvuelve nuestra economía. Para los más optimistas, como es el caso de Christine Lagarde, directora del FMI, “el crecimiento global en el 2016 será decepcionante y desigual”, mientras que en el mediano plazo existen riesgos vinculados con la transición de China hacia una economía más vinculada con los servicios, así como con la transición de Estados Unidos hacia un régimen de tasas de interés más altas. Menos optimista es la posición de Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía 2001, quien afirma que la economía global se encuentra en una fase de “Gran Malestar”, producto de la carencia de demanda efectiva global. Esta posición es cercana a la de Lawrence Summers, quien plantea la posibilidad de que la economía norteamericana se pueda caracterizar por lo que él califica como el  “estancamiento secular”. 
¿Serán las autoridades del MEF capaces de tomar en serio toda esta discusión? Si tomamos en cuenta tanto sus actuaciones previas, así como su limitada capacidad de análisis, la respuesta parece ser negativa.
Economista

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