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El dinero corrompe la acción política


El Tribunal Electoral promueve la discusión sobre el límite del aporte económico que se puede donar a los candidatos a puestos de elección popular. Se trata de la ayuda económica particular (en efectivo o cheques), como contribución a la campaña política de los interesados (candidatos a Presidente y Vicepresidente de la República, Diputados, Alcaldes y Representantes de Corregimiento). Todo ello, independientemente de la aparición de algunos “empresarios adinerados” en el marco de las posibles candidaturas presidenciales, que tienen diversas lecturas, políticas y sociológicas.

Empero, la posibilidad de que surjan alternativas fuera de las estructuras de los partidos es sana y pone a prueba la capacidad de adaptación de la democracia y de los agentes políticos tradicionales, dando cuenta de demandas ciudadanas que pueden no estar siendo atendidas. En términos comunicacionales, estas apariciones (cuando surgen del pueblo y se acompañan de versiones sobre el futuro que se desea para el país), pueden ser acontecimientos que enfoquen la mirada política hacia espacios, problemas con dimensión pública y demandas que necesitan más preocupación desde el sistema.

Si no surgen del pueblo y son la expresión personal de lo que quiere un individuo para toda la Nación, no dejan de ser aspiraciones legítimas, y deben tener la atención que merece cualquier propuesta seria sobre lo que el país necesita y los caminos para alcanzarlo. Habrá casos que podrían llegar a inscribirse en la segunda alternativa, en tanto empiecen a configurar una propuesta concreta. La segunda lectura que puede tener la aparición de empresarios “adinerados” sería su figuración como “fenómeno” comunicativo (el caso de Martinelli, campañas políticas de 2004 y 2009). Puede darse el caso de algunos, cuya grandilocuente irrupción mediática se base no en propuestas, sino en la ostentación y el reparto de dinero y regalos, lo que sería mal conceptualizado como filantropía y generosidad, porque no es ni lo uno ni lo otro. Regalar dinero en el contexto de aspiraciones políticas es nefasto, indigno y degradante.

Es un acto que tiende a distorsionar el respaldo popular, motivando al ciudadano a apoyar a alguien no por su propuesta ni por su visión de futuro, sino por su capacidad de repartir billetes. Además de ser incorrecta esa forma de hacer política, sugiere un profundo menosprecio del elector. Acto indigno es ver a ciudadanos agolpados con la mano extendida hacia el potentado, en condición de limosna. ¡Los panameños no merecemos limosna; merecemos justicia, dedicación y propuestas serias!

Pedagogo, escritor, diplomático.