El dinero es más importante
Estimado monseñor Emiliani. Soy un comerciante de 43 años y estoy pasando por un momento de estrés grande que me está llevando al cansancio y desesperación. Pero por otro lado tengo una profesión muy "excitante", ya que estoy involucrado en la compra y venta de productos cosméticos y domésticos. Ya he abierto dos sucursales de mi tienda y tengo vendedores ambulantes. Estoy ganando dinero y tengo una buena cuenta en el banco. Al tener más dinero, mi mundo de necesidades se ha ampliado. Tengo dos carros y ahora acabo de construir mi casa propia. Me estoy haciendo vanidoso, compro ropa buena y luzco mejor que hace diez años. Dejé a mi esposa porque ella no me entiende. Criticaba demasiado mi nueva forma de vivir y yo le decía que crecí casi sin nada y ahora tengo bastante y quiero disfrutarlo. Tengo nuevos amigos y la paso bien en nuestras fiestas. Pero siento un cierto vacío en mi alma, una insatisfacción rara y me siento cansado. Pero me anima mucho hacer nuevos negocios, invertir y arriesgarme. Esto me causa placer y cuando consigo lo que quiero me lanzo a nuevas aventuras económicas. Tengo un sexto sentido para el negocio. Pero siento una carga emocional grande. Como que no estoy viviendo como debe ser. Haber dejado a mi esposa y a mis dos niños me amarga. Pero es que ella no me quería acompañar a casi nada de lo que yo hacía. Prefería andar con su madre y amigas de un grupo católico que solamente se la pasan rezando y ayudando a un asilo de ancianos. Pero, ¿y yo qué? Prefiero quedarme solo. Le estoy pasando una mensualidad buena. No puede quejarse de eso. Creo que me espera un futuro bueno económicamente si sigo así. Entonces cuando mis hijos crezcan, los mandaré a la mejor universidad de Estados Unidos y estarán bien educados. Mire, monseñor, también pertenecía a cursillos de cristiandad y todo eso dejé.
EL DINERO NO ES TODO EN LA VIDA. SE CONVIERTE EN UNA ADICCIÓN, SIEMPRE TENDRÁ DESEO DE TENER MÁS, Y AL CONSEGUIRLO SE SENTIRÁ SATISFECHO POR UN MOMENTO Y LUEGO EL VACÍO.
Estimado amigo. Ni la mejor universidad suple la presencia activa de un papá en la casa. Sus hijos necesitan de usted. Hay una jerarquía de valores. Pone usted el negocio por encima de su paz, de su familia y de Dios, inclusive. El placer de hacer dinero, de ganar en las operaciones comerciales, de sentirse parte de un juego excitante lo está consumiendo y ese cansancio y vacío que experimenta son signos claros de una cierta decadencia espiritual y humana. Usted se enriquece y al mismo tiempo se empobrece. Adquiere dinero y pierde valores.
Se ha centrado en producir económicamente y esta dinámica es insaciable. Este "dios" exige mucho y hay que pagar un precio muy alto. Poco a poco su paz mental, su integridad moral y sus relaciones interpersonales se verán afectadas y usted terminará solo y con amigos de conveniencia. Gracias a Dios no ha perdido la conciencia de lo que hace. El dinero no es todo en la vida. Se convierte en una adicción, siempre tendrá deseo de tener más y al conseguirlo se sentirá satisfecho por un momento y luego el vacío.
Este placer momentáneo de conseguir cosas va acompañado de un sufrimiento al pasar el efecto del mismo. Luego aparece otro deseo que le producirá dolor hasta conseguir lo que quiere.
Su vida va a ir fluctuando entre placer y sufrimiento, pero el gozo pleno que da el realizarse integralmente en la vida, en cumplir una misión sagrada, en tener buenas relaciones interpersonales no aparecerá nunca. Esto lo lleva a una frustración porque lo que su alma ansía en verdad es tener y sentir un gozo espiritual profundo que lo llene de paz y le dé equilibrio emocional y mental. Eso se consigue cuando usted modera sus deseos y comienza a anhelar metas más nobles en la que valores como el amor, la justicia, la solidaridad y la paz aparecen. Claro que tiene que trabajar mucho e invertir bien, no tanto para hacerse rico, sino para generar más mano de obra y así eliminar en algo la pobreza de nuestro pueblo, pero cuidado con andar cultivando deseos de poder, de grandeza, de tener más y más, porque eso lo va a llevar a la ruina. Ya siente los efectos negativos de todo esto y está usted empezando. ¿Cómo será después? Ya perdió a su esposa, pero creo que puede todavía recuperarla y a sus hijos. Vuelva a su reunión de grupo de cursillos, acérquese al Señor y purifique su alma de tantos deseos que generan más desgracias en el alma. Con Dios, el que todo lo puede, usted irá ubicándose donde debe ser, en el servicio de causas muy nobles y recuerde, que con Él usted es invencible.