El discurso de Obama
Tradicionalmente, la sociedad estadounidense ha sido capaz de forjar su unidad en medio de la más amplia diversidad de criterios políticos, religiosos o raciales. No ha sido fácil, sino fruto de una larga gestación de conductas, determinando objetivos y jerarquizando prioridades dentro de cada coyuntura. Es un componente ratificado recientemente por el Presidente Barack Obama, en ocasión del discurso anual que pronuncia cada mandatario de ese país sobre el estado de la Nación. Su intervención se produjo cuando aun están frescos los trágicos sucesos de Tucson, Arizona, donde fue baleada una congresista demócrata. “En medio del ruido, fervor y animosidad de nuestro debate público, Tucson nos recordó que independientemente de quiénes somos o de dónde venimos, cada uno de nosotros es parte de algo superior, algo de mayor trascendencia que un partido o preferencia política”, dijo Obama, en un pronunciamiento que se asemeja más a una convocatoria a la sensatez que a la retórica demagógica. Se trata de un pronunciamiento para enfrentar retos que le son comunes a sus ciudadanos, que ponen en juego el rol desempeñado hasta ahora por ese país. En lugar de apoyarse en la tragedia de Tucson para establecer distancias, Obama construye puentes, con un discurso que podría servir de ejemplo para sociedades donde sus clases dirigentes no han sido capaces aun de distinguir entre lo principal y lo accesorio, y arrastran a sus naciones hacia confrontaciones inmaduras.
