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El embrollo paquistaní


El reciente asesinato de Salman Taseer, gobernador de la principal provincia de Pakistán (168 millones de habitantes), agudiza la inestabilidad del país. La muerte de esta importante figura política paquistaní, baleado por uno de los miembros encargado de su escolta, y cuyos motivos no están aún determinados, deja a la diplomacia de Estados Unidos en esta neurálgica región en campo minado. Son numerosos y sumamente complicados los elementos que contribuyen a considerar a Pakistán una de las naciones más importantes en el área, un factor fundamental para definir el futuro de la guerra en Afganistán.

En el umbral del siglo XXI, Pakistán se convirtió en el primer Estado musulmán nuclear. Oficialmente, y a la fuerza, en la actualidad se haya alineado del lado de Estados Unidos. No obstante, es muy conocido el apoyo de amplios sectores militares paquistaníes a los talibanes y a los miembros de Al Qaeda, que atacan a la OTAN en Afganistán, y luego cruzan la frontera y se refugian en la nación motivo de tanto sobresalto.

Este “santuario” permite que la insurgencia sostenga movimientos de guerrilla prolongada, que está muy lejos de definirse en las condiciones presentes. En consecuencia, tras el asesinato de Taseer, los talibán, los islamistas extremistas, la insurgencia tribal de mil colores, y tantos otros, continúan ganando terreno en un país francamente debilitado por la violencia.