El Emperador
Querido Director,
Comprenderá que le voy a hablar del único mortal que en el mundo civilizado ostenta el puesto o cargo e emperador y por lo tanto, los ciudadanos de su país son súbditos. Ya comprenderá que me refiero a Akihito, emperador del Japón. Es un señor bajito, casado con una señora no aristócrata y que sonríe de forma discreta y permanente. Su padre, el emperador Hirohito, que fue entronizado en 1926 fue el impulsor del expansionismo militar japonés por todo Asia, que al final llevó a un enfrentamiento bélico con Estados Unidos, dentro de la II Guerra Mundial y que terminó con una estruendosa y definitiva derrota nipona con las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki de por medio y todavía hoy con 150,000 soldados norteamericanos en su territorio. Japón suprimió el ejército y todo ese dinero fue a parar a la gran industria que, curiosamente luego ha hecho una competencia feroz a los norteamericanos.
Después de 22 años como emperador, Akihito se ha dirigido por primera vez a su pueblo para comentar el terremoto y tsunami que ha padecido una parte de su país. Para que usted se haga una idea del respeto y simbolismo de la figura del emperador, el 99% de la población no sabía cómo era su voz.
Aquí en Europa y aprovechando el grave accidente en una central nuclear japonesa, se ha hablado incluso de apocalipsis, término que en boca de Comisario Europeo de Energía creó una gran alarma hasta que reconoció que sólo manejaba datos publicados en prensa. Todo el mundo está de acuerdo en que el orden, la austeridad, la eficacia y la productividad de los japoneses va a permitir superar a un medio plazo esta grave crisis sin afectar gravemente a su estructura como país. Le quiero recordar que aunque Japón está muy occidentalizado, para que 130 millones de personas puedan vivir ordenadamente en los 90,000 Km2 habitables de su territorio, se requieren dosis de orden, disciplina y organización desconocidas en el mundo latino. Le quiero hacer notar que cuando se evacuó totalmente la central nuclear afectada, 50 técnicos de planilla volvieron voluntariamente y también están dentro colaborando varias decenas de científicos jubilados, lo que demuestra que las viejas tradiciones niponas en el sentido de que se debe morir por algo, siguen muy arraigadas y de alguna manera nos recuerdan a esos momentos épico-trágicos de los kamikazes en la II Guerra Mundial o el de los Samuráis durante cientos de años. El honor y la familia están representados en una fotografía que ha dado la vuelta al mundo, donde un hombre de edad, de rodillas a lo japonés, sobre un enorme montón de escombro, llora la muerte de su madre, sepultada debajo de él.
Es muy extraño que se estén exagerando por parte de casi todos los medios de información el número de víctimas, las consecuencias económicas y sobre todo, los efectos de la radiación nuclear. Siendo todos ellos factores negativos y de riesgo, hay que ser optimistas y confiar en los hombres y la técnica de hoy pueden dominar estas situaciones. Sería triste pensar que una vez mas y en distinta dirección se aproveche una catástrofe, que como la de Haití, sirva para que oscuros intereses, en este caso antinucleares, permitan que individuos o empresas hagan su agosto o como ya está pasando, se esté especulando contra el yen, obligando al Banco Central japonés a “quemar” parte de sus reservas para no desestabilizar su moneda, reservas que son imprescindibles para la reconstrucción. Parece ser que el Presidente Martinelli va a visitar España. Como Panamá es la nueva tierra de promisión, los empresarios españoles acudirán en masa.
Atentamente,
