El enemigo de la naturaleza
Mientras en marzo la Organización Meteorológica Mundial anunciaba que en el 2016 se habían roto múltiples récords climáticos, destacando además que esta tendencia se mantendría en el 2017, este 1 de junio, el presidente Trump cumplía con su infame promesa de campaña de retirar a los Estados Unidos de Norteamérica del Convenio de París.
El presidente norteamericano nuevamente utilizó su lenguaje de falsedad, al decir en el discurso en que anunciaba su medida, que él estaba preocupado por el medioambiente, ya que en su campaña presidencial había afirmado, contradiciendo toda la evidencia científica acumulada, que “nadie sabe realmente si el cambio climático es real”.
Así mismo, su argumento de que buscaría una renegociación del Convenio porque este afecta los intereses de su país con metas muy elevadas, no tiene sentido, ya que ese acuerdo ni siquiera es vinculante. Se trató sencillamente de un intento de esconder la verdadera motivación de su medida.
Un problema real que plantea la decisión del presidente Trump está dado por el hecho de que, de acuerdo con los cálculos de los expertos, las metas que voluntariamente se impusieron los diversos países en el marco del Convenio de París no son suficientes para evitar que el calentamiento global llegue a niveles catastróficos.
La salida de Estados Unidos de este acuerdo no hace más que agravar esta peligrosa situación, dado que este país junto a China son los más grandes emisores de gases invernadero del planeta.
La reacción del mundo, como era de esperarse, ha sido de repudio. Es así que, en un hecho calificado por la prensa como un acto sin precedente, la canciller alemana, el presidente de Francia y el primer ministro Italiano le han advertido a Trump que el Convenio de París es irreversible y que el mismo no puede ser renegociado.
Por su parte, el primer ministro de la República Popular de China ha reafirmado el compromiso de su país de mantenerse dentro del convenio.
La reacción de los científicos, los activistas ambientales y la población en general, tampoco se hará esperar. Como lo ha señalado Michael Tigar, profesor emérito de derecho de la Universidad de la Duke University, “Donald Trump sentenció hoy a muerte a la Tierra… los movimientos de masa alrededor del mundo buscarán revertir esta sentencia”.
Para salvar al planeta Tierra de la muerte prolongada y dolorosa dictada por Trump, se debe establecer su real motivación. No hace falta mucho discernimiento, teniendo en cuenta la composición de los funcionarios del gobierno de Trump, para descubrir que se trata fundamentalmente de los intereses de las grandes empresas petroleras, las cuales se niegan a aceptar la necesidad de mantener buena parte de las reservas de petróleo en el suelo, como elemento indispensable para evitar traspasar los límites ambientales y evitar el caos ambiental. Estas empresas consideran que de darse una política en este sentido el valor de las acciones colapsarían.
Estamos, entonces, frente a la necesidad de un movimiento solidario mundial en nombre de la Madre Tierra que frene estos intereses.
Economista