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El entusiasmo de la juventud


El pan de la juventud es el entusiasmo. Me gusta que los jóvenes vivan y convivan entusiasmados. A veces tengo la sensación de que nosotros los adultos vivimos como si la ostentación y la riqueza fueran lo más importante en la vida de una persona, cuando lo único que necesitamos para estar realmente radiantes y felices es tener algo por lo cual conmovernos e ilusionarnos.

Hoy en día tenemos la mayor generación de jóvenes de todos los tiempos, a la que no se le puede cortar las alas de la ilusión. Están deseosos de innovar, de arriesgar, de crear y buscar nuevos horizontes en un mundo viejo, crecido por la indiferencia, extenso en la decepción y en el permanente desencanto. A veces nos recreamos ante un mundo infeliz y generamos la confusión, trastocando la desdicha con la dicha de la verdad. No hay mayor júbilo en la vida que tener algo por qué luchar y alguien a quién amar. Los jóvenes precisan ser amados por sus progenitores. Una sociedad que no escucha ni considera a su mocedad está sentenciada a no levantar cabeza y a morir de pena. El dolor del fracaso es el dolor más cruel. Por tanto, sepa el mundo que no podemos cortar las alas a una juventud dispuesta a hacer camino y a poner voz, haciendo justicia, ante la injusta vida económica y política del planeta.

Los jóvenes tienen que vivir a lomos del lenguaje de la ilusión, trabajando y formándose. Desde luego que sí. Lo peor que le puede pasar a una civilización es que la juventud caiga en la ociosidad o en las garras de algunos empleadores que los utilizan para explotarlos. Ciertamente, los gobiernos tienen que hacer mucho más por la gente joven. ¿Para qué sirve la formación si no se da oportunidad de usar los conocimientos y habilidades adquiridos? Una nación que le niega a sus jóvenes la posibilidad de trabajar camina a la bancarrota. El horizonte puede ser negro y amenazarnos una gran tempestad, pero con la juventud todo se puede y hasta lo más ennegrecido se aclara.

Víctor Corcoba H.

Escritor, España

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