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El escándalo del Ministerio Público


Pese a que los sucesos ocurridos en el Centro de Cumplimiento de Menores el pasado 9 de enero opacó, mediáticamente, el escándalo de la avioneta con drogas en el Ministerio Público, es lógico que la opinión pública espere, que en lugar de silencio y discreción, las nuevas autoridades que encabeza el procurador Ayú Prado revelen en el mediano plazo los progresos que sobre ese asunto se hayan logrado hasta la fecha. Un tema como ese, cuyas repercusiones produjeron los cambios que ya se conocen, debe desembocar en alguna conclusión; no despejarlo podría dejar la percepción de que, o no hubo nada de fondo, o se trató de una maniobra oportunista destinada a producir los cambios que se han dado. Cuando el tema estalló el Órgano Ejecutivo actuó con la responsabilidad que exigieron la sociedad civil y los medios de comunicación, pero tal conducta no debe ser unilateral. Las implicaciones de esos actos pusieron en tela de duda la efectividad y transparencia de una entidad tan importante como la Procuraduría General de la Nación, un lujo que no se puede dar ningún sistema que aspire a perfeccionarse, o a ser parte de una sociedad comprometida con mejorar todos sus niveles de vida.