El escándalo financiero del varelismo
Urracá, indio de virtudes y principios inquebrantables, en esas tablas de monedas vale un centavo, los negros al parecer no existimos para la numismática criolla, así lo decidió la oligarquía conservadora que desde los orígenes del panfleto republicano ha dirigido, lanza en mano, los destinos de la nación y, como cachetada a nuestra dignidad, Balboa, el colonizador fulminado por Pedrarias Dávila, lleva para vergüenza nacional el orgullo de ser la denominación de nuestra moneda. Cuando leo las notas y comentarios periodísticos, atiendo a lo esencial, es decir, a la imagen del Estado panameño, que en estos menesteres no es lo que preocupa a los núcleos de poder económico y político. Qué va, para estos déspotas ilustrados como Barleta, Alemán, Troncoso, Saied, etc., lo imperdonable es que los comisionados Stiglitz y Pieth no se hayan subordinado al interés primordial de las cajas registradoras de la plutocracia ístmica. Según ellos, el oponerse al encubrimiento de las insalvables reglas del juego financiero, con que todavía pretenden seguir sirviendo a los barones de la evasión y delitos conexos, debe ser castigado ejemplarmente.
Los acusan de haberse manejado con agenda propia, que no sabían trabajar en equipo y que fue un error designarlos. Conclusiones que nos obligan a intermediar e inquirir sobre para qué sirve este gobierno; cada acción emprendida tiene peores consecuencias que la anterior, son un retroceso y representan menoscabo a los fines de progreso que anhela el panameño.
El varelismo significa hipocresía, empobrecimiento económico, político y moral. Nuestra clase dirigente deambula en el servilismo y la dádiva. Ramón Fonseca Mora, el ciudadano panameño que más ha pisoteado nuestros valores patrios, continúa siendo protegido como cachorro amamantado por la impunidad de quienes se creen por encima de la Constitución.
La hora de rendir cuentas se avecina, no podrán esquivar su responsabilidad, pues es el mundo quien los mira e incrimina. En el concierto de las naciones, somos el hazmerreír y los bufones, pues, pudiendo defender nuestro prestigio, Juan Carlos Varela Rodríguez ha proclamado que su amigo y financista es lo primordial.
Seguiremos resistiendo hasta donde nuestras fuerzas y capacidades lo permitan, sin embargo, nadie duda de que en el 2019 este circo y sus payasos quedarán recluidos en el purgatorio de la indignidad. Mi patria será pequeña y estará tendida sobre un istmo, pero seremos millones los que la levantaremos y demostraremos que no continuará el festín y la barbarie. Prepárense los cabilderos del odio y la persecución. Habrá Panamá después de ustedes.
Abogado