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El eslabón ausente


Digámoslo sin ambages: nuestro sistema de justicia es malo. Es ineficiente, no es efectivo y maltrata a los ciudadanos. Para iniciar la investigación, se llama a las víctimas del delito, y se las re-victimiza, o bien se incomoda a periodistas y comunicadores, o a voces de la sociedad civil que evidentemente no tienen nada que ver con el hecho investigado. El mensaje de fondo causa daño: mejor no digas, no reportes, no denuncies porque entonces tú eres el que tiene que visitar la fiscalía. ¿Qué pasa con la justicia penal y con esta manera de investigar? Quizás parte del problema es que las autoridades no saben lo que es una investigación criminal y la confunden con la instrucción del sumario y la acusación en juicio. Los abogados no están formados para investigar; más bien pareciera que su formación jurídica los incapacita para llevar adelante la pesquisa. La capacidad de combatir el crimen supone ese eslabón que funciona entre las labores preventivas de la policía y la intervención del fiscal. Es la labor de detectives profesionales, que abatidos por el crimen y la corrupción, fueron engullidos parcialmente por la Policía Nacional y el Ministerio Público cuando se desmanteló la PTJ. Ahora ni siquiera tenemos un instituto para la formación y capacitación de investigadores, de los cuales uno esperaría un alto nivel de experticia técnico y científico. En vez de eso, las “investigaciones” del sistema de justicia parecen una colección de bochinches, pues entre lo que “dice” uno y “dice” otro se pierde todo sentido de la verdad de los hechos investigados.