El Estado de derecho constitucional garantista
Como ciudadano y estudioso de los temas de estado y la política, vivo permanentemente la preocupación en torno a posturas y decisiones de fuerzas que a cada momento conspiran contra toda posibilidad de hacer de nuestra democracia el estado de derecho; el ambiente ideal para vivir con la seguridad que nuestros elementales derechos fundamentales, corolario de axiología valorativa de las cuales están imbuidos, no serán objeto de ataques alevosos y, si lo son, se estrellarán con instituciones sólidas democráticas que, lanzas en riste, están allí para evitar tales agravios e inconsecuencias para la sana convivencia humana.
Lo perverso de todas estas posiciones de la antidemocracia y contra la institucionalidad resulta todavía más abominable cuando proviene de actores de la sociedad, que son los que deben trabajar en dirección a perfeccionar y ampliar los derechos democráticos y fundamentales de panameños.
En los últimos años, el monstruo del leviatán siempre ha estado merodeando nuestra vida en democracia y cada momento nos sorprende con sus zarpazos dirigidos a menoscabar el desarrollo democrático e instituciona. Existe, repito, una tendencia en la sociedad de hacer de nuestro Estado una especie de ente sobredimensionado sobre todo el resto de la sociedad, y ello repugna con la idea de un Estado controlado por el derecho y que tenga como núcleo axial y existencial la integridad y el respeto ciudadano.
Nos parece peligroso y reprochable que mediante una ley se pretenda darles poder a las autoridades de policía, quienes sin el indicio de comisión de delito podrían ordenar allanamientos. En nuestro medio, es verdad de a puño que estos funcionarios que administran justicia administrativa de policía son productos de nombramientos políticos.
La otra barbaridad, condicionar a un juez la actividad de administrar justicia al requisito que no sobrepase los 65 años, riñe contra fallos que ha emitido la propia Corte , cuando ha señalado que el derecho a trabajar no puede estar sometido a este tipo de impedimentos, verbigracia la edad.
En medio de todas estas cruzadas que se levantan contra la vigencia de un Estado de derecho constitucional, observo la intención creciente de minimizar la institución del debido proceso. Se trata de una monstruosidad, únicamente explicable en los llamados estados de excepción.
Las preocupaciones como las arriba vertidas fueron las que me llevaron a proponerles a los comisionados de las reformas constitucionales un conjunto de propuestas dirigidas a modernizar el hábeas corpus, el amparo, de tal suerte de blindar los derechos fundamentales frente a los ataques provenientes de la fuerza arbitraria.
Abogado.
