El Estado gerencial
Toda la Historia es un relato de las luchas por el poder o por la reivindicación de algún derecho. La de la esclavitud o la explotación, aún no ha concluido. No se trata ya de una división de clases, tal como lo interpreta la doctrina marxista. Se trata del cambio de un paradigma económico inmoral, en este caso el modelo liberal, por un modelo humanista, como el de la economía social de mercado que propone la Constitución Europea (Art. 1-3). Modelo donde se dirime la justa relación entre beneficio, precio y salario bajo la responsabilidad compartida en la producción de bienes, teniendo en cuenta las necesidades materiales y espirituales del ser humano, sujeto y objeto de una ética mundial basada en la libertad responsable y sometida a un régimen de Derecho dentro de una democracia legítimamente constituida.
Panamá ha tenido avances y retrocesos en esta relación. Más allá de las leyes que necesiten una adecuación a los tiempos y a la evolución económica y cultural del país, los protagonistas en este conflicto de intereses, propietarios, asalariados y gobierno, han perdido tiempo y diálogo de altura para ver las cosas sin prejuicios y en profundidad. Tratar infinidad de temas, políticos, económicos y sociales para resolver una delicada cuestión laboral, no es sino navegar en un océano con un centímetro de profundidad. El tema no debiera ser el de los trabajadores y su relación sindical, a menos que eso sea lo acordado. Porque si esa es la agenda oculta del gobierno y la de los empresarios el salario mínimo y la de los trabajadores la estabilidad, el país tampoco logrará nada positivo.
Vivimos en una sociedad capitalista bajo un orden político democrático que nos obliga a acatar sus reglas, siempre y cuando éstas sean justas. Utilizar vericuetos legales o querer imponer por la fuerza ideologías políticas, así como quejarse por la excesiva intromisión del Estado y exigirle luego que recorte leyes laborales ganadas con sangre, sudor y lágrimas, es participar en un diálogo en arameo.
En este caso, la función del Estado es la misma que tienen las enzimas en una reacción química: la facilitan, pero en el proceso, las enzimas no se transforman ni se incorporan al producto final, permanecen intactas e independientes. Los sindicatos deben velar por el bienestar, la modernización y la educación del obrero, aumentando su capacidad profesional y la toma de conciencia de su responsabilidad en la obtención de sendos beneficios. El capital financiero y los bancos debieran apoyar más a las pequeñas y medianas empresas, máximas productoras de bienes y mano de obra, y dejar de ser el casino donde el dinero se gana apostando por las probables ganancias bursátiles en la rueda de la fortuna.
Lo que es intolerable, es que un gobierno rompa las reglas políticas de la convivencia democrática y las suplante por normas de corte mercantil. La Constitución Nacional no puede ser suplantada por un baremo contable, ni el gobierno puede manejarse con el criterio simplista de un gerente, porque el país tampoco es una empresa. No lo puede ser. Nunca.
