El evangelio de la nueva era política
Por la forma como se llevaron a cabo las últimas elecciones presidenciales en Panamá (1994, 1999, 2004 y 2009), nos presentamos ante el mundo como exponentes de la democracia genuina. Sin embargo, en adelante, debiéramos practicar “el evangelio de la nueva era política”. Algo así como un símbolo de la democracia moderna en todo lo que tiene de útil y de magnífica, participación, acción, eficiencia, como los genios tutelares de las campañas políticas del inmediato futuro.
¡Qué digno sería escuchar a los candidatos a la Presidencia de la República, cuyas voces repercutan con eco simpático por todos los ámbitos del país! Candidato alguno que pueda comunicar calor e ímpetu a sus prosélitos porque la suya es un alma encendida en el fuego vivificador de un patriotismo de buena ley. Que sus palabras no sean las del actor que recita los pasajes efectistas que ha ensayado, sino el llamamiento leal del que está convencido y quiere convencer. No hay elocuencia verdadera donde faltan las grandes ideas.
¡Las palabras conmueven y convencen cuando expresan verdad e inspiran fe, cuando respiran salud e infunden esperanza!
El triunfador en las elecciones de 2014, será aquel que busque su fuerza en la nación y no en un partido. El hombre señalado por las circunstancias para ser el protagonista de un movimiento trascendental en la vida de la República. ¡Que mire más alto y más lejos! Que el programa de gobierno bosquejado durante la campaña electoral le revele al estadista de fuste y demócrata de buena cepa. Que como rector nacional llame en torno suyo las fuerzas y factores indispensables para la tranquilidad y el engrandecimiento de la Nación panameña. Un Presidente que ponga su fe en la educación popular como la base esencial de la democracia y en el trabajo como fuente de toda prosperidad.
Tal es el tipo de hombre que debe gobernar a Panamá. Idealista, pero lleno del sentido práctico que infunden las realidades de la vida. Vehemente, pero que sepa equilibrar los ímpetus del sentimiento con los dictados de la razón. Intensamente patriota, pero con el espíritu abierto a las amplias concepciones de la solidaridad internacional. Suave en sus maneras, pero de carácter firme y resuelto.
Un mandatario, en suma, que imprima carácter, de equilibrio mental y de vasta comprensión, que con una gran dosis de talento político y un enorme bagaje de intenciones puras, se halle especialmente capacitado para imprimir a Panamá el rumbo que demandan sus altos destinos.
Pedagogo, escritor, diplomático.